Wendy Álvarez Hidalgo
Al menos 154 pequeñas y medianas empresas turísticas del norte están listas para recibir a viajeros. En tres años, estas han aprendido la importancia de ofrecer una buena atención al visitante. Han mejorado la calidad de sus servicios de hospedaje, alimentación y guía turística, así como explotar de forma sostenible cada uno de los rincones de la naturaleza, los campos productivos y las montañas.
Los caballos, que antes solo se usaban para hacer los mandados de las fincas, ahora se alquilan para que los viajeros cabalguen por las comunidades. Los ríos, que antes alimentaban los cultivos, hoy son vendidos como zonas para reposar y respirar el aire puro que baja de los milenarios árboles de las reservas de Miraflor-Moropotente, Tisey-Estanzuela, ambas de Estelí, y el Cerro Datanlí-El Diablo, de Jinotega.
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Los plantíos de tabaco son zonas de atracción para los turistas. En el lago Apanás ahora no solo se practica la pesca artesanal, sino que también se organizan torneos y avistamiento de aves migratorias y locales. Y las mujeres, que antes solo se dedicaban a cuidar a sus críos ahora esquivan la pobreza y el desempleo ofreciendo tours de tortillas y artesanía negra en sus propias casas. En tanto en las ciudades de Estelí y Jinotega florecen los bares, pequeños y medianos hoteles, hospedajes, restaurantes y cafeterías.
El turismo en el norte empieza a despertar y esto ha sido posible, en parte, por el apoyo que la cooperación internacional está dando en la zona, como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) que desde hace más de dos años impulsa el programa de Conservación y Turismo Sostenible en más de 25 comunidades de Estelí, Jinotega y Madriz, particularmente Somoto.
EL PROGRAMA
Roberto J. Matus, director del programa de conservación y turismo sostenible que ejecuta FHI360, explica que la idea es impulsar en el norte un modelo de aprovechamiento de la naturaleza de forma sostenible, es decir que no afecte al medioambiente.
Matus afirma que Nicaragua debe aprovechar el renombre que ha ganado en los últimos años a nivel internacional para potenciar la rica diversidad natural que existe en esa zona del país. De ahí la razón del porqué se decidió ejecutar este programa en un circuito turístico en tres departamentos del norte.
En 36 meses que abarca el proyecto, que va de septiembre de 2010 a septiembre de este año, un total de 4.9 millones de dólares está siendo invertido en varios programas de capacitación a empresas y fincas agroturísticas.
Matus explica que desde que se inició el proyecto están enfocados en “dar las herramientas para crear las bases de un turismo sostenible”. Para eso se han impartido cursos intensivos de capacitación para guías locales, se ha impulsado la alianza entre los actores que componen el turismo rural, talleres de educación ambiental, tanto comunitarios como escolares y se han instalado 11 inodoros ecológicos en comunidades aledañas al Lago Apanás, entre otros.
Además de asistir mediante un acompañamiento continuo a los dueños de las mipymes turísticas, también se ha fortalecido el trabajo de 16 organizaciones, como el gabinete de turismo de Estelí, La Cuculmeca, siete cooperativas turísticas locales, entre otros.
Y aunque los pobladores del norte se han empezado a empoderar de la importancia del turismo sostenible, Matus afirma que todavía hay mucho trabajo por hacer, principalmente en señalización, manejo de la basura y el agua. Igualmente mejorar el acceso en alguna zonas. “Estamos fortaleciendo a las empresas para ser mejores” de cara al despertar del turismo, enfatiza.
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