Guillermo E. Miranda
Idoneidad e idiotez son dos palabras que en sí no tienen relación alguna, al menos que sean adjudicadas a la misma persona para tratar de esconder una metida de pata como se dice popularmente. Todavía no terminan los chistes que se le hacen a Nicolás Maduro por la idiotez que cometió al tratar de autocalificar su idoneidad por haber sido elegido para suceder al líder, pero dejemos a Maduro con su majadería que muy caro le está costando al intentar convencer a los venezolanos que habló con el pajarito de Hugo Chávez.
En realidad la intención de este artículo es comentar sobre la ingenua excusa que se le ocurrió al director general de Telcor, para justificar la aberración que le encomendaron cometer en contra de la libre empresa y contra nuestra Constitución, mediante el acuerdo administrativo 005-2013, en el que ordena a las empresas operadoras de telecomunicaciones que deberán someter a la aprobación de su autoridad los nombramientos de sus directores, y/o gerentes generales, directores y/o gerentes o jefes de informática o de sistemas y directores y/o jefes de seguridad. La repulsa nacional y la internacional que de seguro viene en camino por tan infame acuerdo, obligó al director en cuestión a inventarse la excusa de que dicho acuerdo solo pretende constatar la “idoneidad” de los funcionarios que contratan las empresas operadoras de telecomunicaciones. Pero la idiotez no termina allí, sino que, al igual que el que cae en arenas movedizas, que entre más se mueve más se hunde, después dijo que dicho acuerdo también pretende proteger a esa industria de la intromisión del narcotráfico, del lavado de dinero y de la eventualidad que terceros escuchen las conversaciones de los usuarios de esos sistemas de comunicación.
Se me ocurre que si al director de Telcor le preocupan todas esas cosas —me refiero a lavar dinero, narcotráfico, espionaje telefónico e idoneidad de funcionarios—, deberíamos darle los nombres de otras instituciones del Estado, en las cuales se podría dar banquete descubriendo lo que aparentemente le preocupa. De seguro allí encontrará a muchos haciendo lo que a él aparentemente le preocupa, por supuesto que incluyendo la que él “celosamente” dirige. No quiero dejar pasar la oportunidad de señalar, que si bien es cierto que hay que aplaudir y apoyar la posición adoptada por el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), también es cierto que este, en su afán de granjearse la buena voluntad del ejecutivo, hace rato venía haciéndose el sueco con lo que le ocurría al resto de nuestra sociedad; la que desde hace largo tiempo viene sufriendo las mismas arbitrariedades y aberraciones que hoy a ellos los han hecho rebelarse al punto de anunciar públicamente que no acatarían dicho acuerdo.
Menos mal que el Cosep y Amcham todavía tienen quien los puede escuchar y no como aquel cuento que dice: Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista, luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío, luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Para cuando vinieron por mí, ya no quedaba nadie que dijera nada. Ojalá y todos hayamos aprendido la lección y actuemos en consecuencia.
El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense y actualmente es miembro del PLI.
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