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La muerte del poeta, escritor y político Pablo Neruda para muchos siempre ha sido un misterio, dado que existen rumores de que este fue asesinado por agentes de la dictadura de Augusto Pinochet o que murió a causa de un letal cáncer de próstata.
Para despejar dudas —después de 40 años de su muerte— ayer comenzó el removimiento de tierra en la casa-museo en Isla Negra, en Santiago de Chile. Se espera que hoy se puedan extraer los restos del escritor, donde también se encuentran los restos de su esposa, Matilde Urrutia.
Aunque la exhumación de los restos de Neruda es un hecho, muchos críticos opinan que no aparecerán evidencias de cuál fue la causa de su muerte y simplemente su muerte quedará en duda, como ocurrió con el expresidente chileno, Salvador Allende.
Según su conductor, Manuel Araya, en una entrevista a The Associated, el “error fue el 23 de septiembre cuando dejamos a Neruda solo. Si no hubiera quedado solo, no lo hubieran matado”. Y sigue sosteniendo la hipótesis que Neruda murió luego de que le inyectaran un veneno.
LIMITACIONES
Además de las dudas, a esto se suma que el laboratorio del Servicio Médico Legal de la zona carece de equipamientos básicos en análisis de tóxicos y medicamentos, siendo una limitación para esclarecer el caso.
Aunque tampoco se sabe si podrán localizar los restos que están sepultados a 65 centímetros de la superficie, dado que la humedad que caracteriza a Isla Negra podría haber dañado la losa de cemento de la tumba y juntado los restos de la pareja en uno solo.
Por su parte, Araya y Alfredo Reyes, sobrino de Neruda, confiesan que el juez que ordenó la exhumación está parcializado porque desde el inicio no permitió la presencia de forenses independientes, pese a que es un derecho establecido en la legislación penal.
Ante la negativa del juez, el abogado Eduardo Contreras, querellante de la causa de la exhumación en representación del Partido Comunista chileno, apeló la decisión y amenazó con llevar el caso a la Corte Suprema, pero al final aceptó cambiar los peritos extranjeros y chilenos propuestos por él, y que incluían a Ravanal, por una médica cirujana experta en laboratorio clínico.
SU HUIDA
El autor de los universales sonetos recogidos en Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada murió el 23 de septiembre de 1973, a escasas horas de partir al exilio en un avión enviado especialmente por el presidente mexicano de entonces, Luis Echeverría, y 12 días después del golpe de Estado liderado por el general Augusto Pinochet con el apoyo del Gobierno de Estados Unidos.
La versión oficial, compartida por la Fundación Neruda y la entonces viuda, Matilde Urrutia, fue que Neruda murió de causas naturales tras el trauma padecido por ser testigo del golpe de Estado y por la inclemente persecución que padecieron muchos de sus amigos.
“Tengo rabia también porque estuve más de ocho veces en el comité central del Partido Comunista diciéndoles: ‘Neruda fue asesinado’. Pero no me escucharon a tiempo”, dijo Araya.
La viuda también expresó que la escucharon hasta el 5 de mayo de 2011, cuando dio una entrevista al semanario Proceso de México y ahí se armó un revuelo internacional.
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