Dos expertos en temas de seguridad pública consultados por este diario coinciden en asegurar que el dispositivo de seguridad que rodea al presidente Daniel Ortega es excesivo, no acorde al clima de seguridad que se vive en el país de acuerdo a la Policía Nacional y que, por lo tanto, este solo obedece a un criterio personal del mandatario.
Roberto Orozco, investigador en temas de seguridad pública, asegura que este dispositivo supera al usado por Ortega cuando fue presidente en la década de los ochenta, cuando el país estaba sumido en una guerra civil.
“No se amerita semejante despliegue. Recordá que además de la Policía Nacional, le brinda protección el Ejército Nacional, además de la misma fuerza de seguridad que él mismo ha creado desde la Secretaría del Frente Sandinista. No estamos en guerra, no hay amenaza del crimen organizado en contra del presidente. Es un asunto que depende del criterio personal del presidente. No sé si llamarlo paranoia, eso no te lo puedo decir. Pero es un dispositivo que nunca antes se había visto”, opinó Orozco.
LA PRENSA publicó ayer sábado un reporte especial referido a la enorme caravana de seguridad que acompaña normalmente al mandatario y su esposa, Rosario Murillo, cuando se desplazan por las calles de la capital.
“A ver, es que solo que los aparatos de inteligencia tengan alguna información referida a una amenaza en contra del presidente. Pero esto no se sabe y, si no es así, es un dispositivo exagerado”, agregó Orozco.
Para el comisionado general en retiro y actualmente consultor en temas de seguridad pública, Francisco Bautista Lara, el despliegue de este dispositivo se debe más a un asunto de reafirmar el estatus presidencial de Ortega que a una amenaza real en contra del mandatario.
“Yo creo que más que responder a una necesidad de protección y seguridad por algún riesgo, como podía ocurrir durante la guerra en los ochenta, la seguridad del presidente obedece a un criterio de estatus. Su estatus de presidente lo lleva a tener un aparataje y eso genera una costumbre y así ha funcionado por muchos años. Y esto pasa en general. Pasa con empresarios, con funcionarios públicos, con los bancos. Las mismas residencias a veces tienen una seguridad superior al nivel de riesgo y violencia que hay en Nicaragua. ¿Y por qué lo pone la gente? Por estatus, por costumbre”, opinó Bautista Lara.
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