AFP
El escándalo que se gestaba desde hace meses estalló esta semana, sumiendo a la monarquía española en su crisis más grave: tras el yerno del rey, su propia hija, la infanta Cristina, podría responder ante la justicia en una investigación por corrupción.
Convocada el pasado miércoles para el 27 de abril por el juez de instrucción José Castro de Palma de Mallorca (Baleares), Cristina logró finalmente un respiro: el magistrado aceptó ayer suspender la comparecencia después de que la fiscalía anticorrupción, que no ve indicios de delito, presentase un recurso.
Castro, un magistrado con reputación de tenaz e incorruptible, investiga desde 2011 la presunta malversación de varios millones de euros de dinero público por Iñaki Urdangarin, esposo de la infanta, y un exsocio.
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