Managua/ACAN-EFE
El uso de explosivos artesanales para la pesca está amenazando toda forma de vida marina en el litoral Pacífico de Nicaragua, incluido delfines y tortugas en peligro de extinción, advirtió hoy una organización ambientalista.
«Es un método de pesca no selectivo, con la explosión (se) destruye absolutamente todo en un radio de hasta 30 metros de la detonación», explicó a Acan-Efe el director del proyecto Coral de la Fundación Nicaragüense Para el Desarrollo Sostenible (Fundenic), Iván Ramírez.
Al menos cuatro delfines fueron hallados muertos en las costas del Pacífico de Nicaragua durante la Semana Santa, informó el pasado lunes la ministra de Recursos Naturales y del Ambiente (Marena), Juana Argeñal.
En un informe enviado al Marena, Fundenic sostuvo que la muerte de esos delfines obedeció a que los pescadores artesanales utilizan bombas de mecates (explosivos artesanales), cuyo uso está prohibido, en la pesca artesanal.
«Hemos encontrado delfines reventados y con claros indicios de haber muerto por explosivos en otras áreas como (las playas de) Huehuete, Casares, La Boquita, El Transito, Poneloya, Tola y otras zonas», en el Pacífico, «y las hemos documentado», señala el texto enviado a Marena y suscrito por el biólogo marino Fabio Buitrago, precisó Fundenic en un comunicado.
Ramírez confirmó haber visto «peces y más de 20 tortugas desbaratadas en agosto del año pasado» y que el uso de explosivos artesanales en la pesca «afecta los arrecifes coralinos, delfines, tiburones, ballenas, mantarrayas, peces y ecosistemas».
Los delfines citados por Argeñal aparentemente no estaban reventados, pero el experto de Fundenic aseguró que un explosivo no sólo mata a los mamíferos marinos con marcas visibles.
«Una detonación no tiene que reventar a una especie marina, en este caso los delfines. Las bombas causan daños en sus órganos sensoriales, la piel misma les sirve para medir la presión del agua y desplazarse, si se descontrolan no pueden medir el tiempo para salir del agua a respirar», explicó Ramírez.
El especialista descartó que el fuerte oleaje haya expulsado del mar a los delfines.
«Los cetáceos son muy hábiles, prácticamente no tienen accidentes, ni con surfistas ni con rocas, pero una bomba sencilla en el mar tiene ondas expansivas hasta 15 veces más fuertes, eso los perjudica», apuntó.
Ramírez mencionó que han puesto innumerables denuncias, pero hasta ahora las autoridades no tienen la capacidad para controlar una actividad que se expandió de norte a sur en el Pacífico de Nicaragua, y se realiza sobre todo de noche.
«Eso impacta todo, en lo inmediato, mata todo lo que hay, a largo plazo, destruye el ecosistema, merma las poblaciones de peces, destruye el hábitat, y termina afectando económicamente al país», anotó. Organizaciones ambientalistas aseguran que el avistamiento de cetáceos tiene un potencial para generar al menos 30 millones de dólares anuales al país.