Agresiones, competencia y favoritismo

Las relaciones conflictivas de muchos hermanos alcanzan importantes niveles de hostilidad y malestar, que afectan sus vidas y las de quienes les rodean.

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María Jesús Ribas EFE

Las relaciones conflictivas de muchos hermanos alcanzan importantes niveles de hostilidad y malestar, que afectan sus vidas y las de quienes les rodean.

Hay cada vez más evidencia de que, en una minoría de los casos, las peleas entre hermanos se convierten en una forma de abuso repetido, inevitable y nocivo emocionalmente, señala el informe Más allá de la rivalidad, el mundo oculto de la violencia entre hermanos, publicado en The New York Times.

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  • “El mejor medio para que los padres resuelvan los conflictos y eviten los favoritismos puede ser que establezcan reglas de la casa, como llamar antes de entrar en la habitación de un hermano, así como un calendario de tareas domésticas”.
  • Nicole Campione-Barr, psicóloga.

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  • “Hay formas muy serias de victimización entre hermanos, muchas veces las agresiones se minimizan y cuando un niño le pega a un hermano, el hecho se considera como una pelea o un altercado, en vez de como algo realmente grave”.
  • David Finkelhor, sociólogo.

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PORCENTAJES DE VIOLENCIA

Una investigación dirigida por el sociólogo David Finkelhor, del Laboratorio de Investigación Familiar de la Universidad de New Hampshire (UNH), en Durham (EE. UU.), ha descubierto que el 35 por ciento de los niños participantes en el estudio habían sido “golpeados o atacados” por un hermano el año previo.

Según un análisis preliminar del trabajo, el 14 por ciento de los chicos eran atacados a menudo por un hermano, el 4.55 por ciento eran golpeados lo suficientemente fuerte como para sufrir hematomas, cortes, dientes rotos y a veces una fractura ósea, y el dos por ciento eran golpeados por hermanos o hermanas con rocas, juguetes, mangos de escobas o palas.

El estudio mostró que los ataques entre hermanos tenían una frecuencia similar en todas las etnias y grupos socioeconómicos, eran más frecuentes entre los 6 y 12 años y tendían a desaparecer poco a poco a medida que los niños entraban en la adolescencia.

Además, según el estudio de la UNH, los niños de 2 a 9 años que eran atacados con frecuencia tenían el doble de posibilidades que otros pequeños de su edad de padecer síntomas agudos de ansiedad y depresión, como falta de sueño, ataques de llanto y miedo a la oscuridad.

Estudios demuestran que los adolescentes que peleaban con sus hermanos por la igualdad y la justicia tenían niveles más altos de depresión un año después, y aquellos que reñían por problemas relacionados con la invasión del espacio personal y la propiedad, mostraban mayores niveles de ansiedad y una autoestima más baja.

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¿CÓMO PARAR LA GUERRA?

Los padres deben asegurarse de que ambos hermanos comprenden el motivo de la pelea entre hermanos, después cada uno ha de contar su versión de los hechos y por último dar ideas sobre posibles soluciones, considerando todos los puntos de vista. Deben educar desde pequeños a sus hijos para que, entre otras cosas, tengan claro los límites de una discusión, como son las humillaciones públicas o los golpes. Para fomentar la vinculación positiva entre los hermanos, programe  actividades comunes para los hijos, donde compartan sus aficiones y momentos de diversión.

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