“Junto con Berceo y un vaso de bon vino, en una recuperación actualizante de la mejor tradición picaresca. Su lectura es una fiesta”. Luis Rocha, escritor LA PRENSA/G. FLORES

Las fábulas pícaras

“Es que el diablo ronda a los que se portan bien”, ríe y se deja ver un guiño de ojos en Francisco Arellano Oviedo, el director de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Por ahora, ha dejado las formalidades del erudito y se muestra relajado con rostro de narrador.

Marta Leonor González

“Es que el diablo ronda a los que se portan bien”, ríe y se deja ver un guiño de ojos en Francisco Arellano Oviedo, el director de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Por ahora, ha dejado las formalidades del erudito y se muestra relajado con rostro de narrador.

Cuatro cuentos forman parte de su libro Entre piadosos ronda el diablo , narraciones en tono coloquial. “Curas que caen en las pérfidas redes del amor porque hay beatas, cantantes de coro parroquial que son verdaderos cebos que el contrario pone a la más férrea de las vocaciones”, dice el novelista Sergio Ramírez, quien presenta la edición.

Con ilustraciones del escritor Julio Valle-Castillo, las historias de Arellano Oviedo nos sitúan en escenarios de promesantes de rodillas en las fiestas religiosas de Santo Domingo de Guzmán, y nos conecta con la historia de soldados de la Guardia Nacional en tiempos de la dictadura Somoza o el regreso al hogar del marido que ha estado donde la amante.

Pero en esas escenas, como argumenta Ramírez, están: “Diablillos insolentes que, dejando su catadura etérea, toman carne para intentar fornicaciones con mujeres solitarias que, como prueba de los desmanes del maligno, enseñan sus vestiduras desgarradas por la lascivia diabólica”.

EL ESTUDIANTE RELIGIOSO

Arellano revela que los aspectos religiosos en estos cuentos no son coincidencia. “Los aspectos religiosos que abordo con humor son parte de mi larga experiencia religiosa con los salesianos. Después del bachillerato, estudié 11 años para sacerdote, aunque no llegué a ordenarme”, explica.

Si bien el tema religioso está dentro de los convencionalismos y formalidades, el narrador dice enfocar con un humor precisamente esas vivencias. “Recordemos a Quevedo, tan serio en sus cosas pero con un humor extraordinario en su literatura”.

“Hay tanta seriedad en estas cosas formales que provoca risa”, dice. También confiesa que publicó la historia Parábola del padre pródigo en 1970, en Guatemala, y rondó su cabeza por 30 años, así como otras que tienen pasajes de ficción y realidad como La historia que contó el poeta .

De estas anécdotas, Ramírez concluye que: “Nada hay más divertido desde que se inventó la literatura como los cuentos de parroquias y conventos, tal como lo mostró con creces Boccaccio; pues donde hay un convento, monjas encerradas y un jardinero hay ya una historia que contar sin necesidad de espavientos, pues la malicia es muestra del sosiego”.

La obra académica de Arellano Oviedo es vasta. En el teatro Catoblepas, fue Premio Nacional Rubén Darío en 2005 y autor del Diccionario del Español en Nicaragua de varias ediciones. También se destaca como maestro.

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