AFPTV: Francisco, el papa de la gente
CIUDAD DEL VATICANO/AFP
El papa Francisco inauguró ayer su pontificado ante decenas de miles de fieles —entre 150,000 y 200,000, según el Vaticano— y mandatarios del mundo congregados en la plaza de San Pedro para la misa solemne en la que fijó las líneas de su pontificado.
La presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, fue una de las primeras en saludarlo al día siguiente de que, tras numerosas tensiones, ambos protagonizaran un gesto de acercamiento durante un almuerzo en el Vaticano.
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, no pudo contener las lágrimas cuando llegó su turno. El presidente de Chile, Sebastián Piñera, y su esposa Cecilia llegaron cargados de rosarios para que los bendijera. El vicepresidente de Nicaragua, Omar Halleslevens, y el cardenal Miguel Obando invitaron a Francisco a este país.
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“El verdadero poder es el servicio y también el papa, para ejercer el poder (…) debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto y rico de fe”, afirmó Francisco, que en solo unos días ha dado esperanzas de cambio en una Iglesia desacreditada por los escándalos internos.
El nuevo jefe de la Iglesia, que tiene 1,200 millones de fieles en el mundo, insistió en que el “amor” es otra de las claves de ese servicio. “No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura”, proclamó recibiendo una gran ovación el primer pontífice jesuita, que se inspiró en San Francisco de Asís para elegir su nombre.
El papa del Nuevo Mundo pidió “respeto por todas las criaturas de Dios”, citando a los niños, los ancianos, “quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón”.
Por una vez desde su elección sorpresa hace una semana, Francisco respetó el texto preparado en esta ceremonia solemne y no improvisó, como hizo en las últimas ocasiones. Vestido con una sencilla casulla sobre su sotana blanca, instó a proteger “el entorno en que vivimos“ y, dirigiéndose especialmente a los responsables de los ámbitos “económico, político y social”, les invitó a no permitir que “los signos de destrucción y de muerte” guíen el mundo.
Antes de presidir la misa, Francisco rezó ante la tumba de San Pedro, situada debajo del altar mayor de la basílica, acompañado por los patriarcas de las iglesias católicas orientales. Allí estaban el palio (larga estola) de lana blanca con seis cruces rojas que perteneció a Benedicto XVI y el sencillo anillo de Pescador de plata dorada que eligió para su pontificado y que le fueron entregados al principio de la ceremonia.
En la tarde, Francisco llamó por teléfono al papa emérito, Benedicto XVI, quien vio la ceremonia por televisión desde Castelgandolfo, donde lo visitará el papa el sábado. Francisco le rindió homenaje a “su venerado predecesor” y le manifestó su “afecto y gratitud”. Además, lo felicitó por su onomástico, indicó en un comunicado el Vaticano.
Antes de iniciar la histórica jornada, el papa habló en español a sus compatriotas reunidos en una vigilia: “Cuidémonos los unos a los otros, cuídense entre ustedes, no se hagan daño, cuiden la vida, la familia, la naturaleza, cuiden a los niños, cuiden a los viejos, que no haya odio, que no haya peleas”, dijo en una llamada telefónica que fue retransmitida por los altavoces.
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