Edgard Rodríguez
Hace treinta años, el nivel de atracción de una serie Dantos-Bóer era impresionante. Si usted no se movía temprano al estadio, no había forma de conseguir buen lugar, si es que lograba uno. Para entonces, la tropa del Ejército era pujante y competitiva. La tribu, floja. Pero sus fanáticos esperaban siempre algo de su equipo.
Diez años después, es decir allá por 1993, los Dantos iban en declive tras desaparecer el respaldo del EPS y en cambio, el Bóer, sostenido por Miguel Castillo, se armó hasta los dientes y la batalla se desniveló, pero el interés por presenciar sus duelos persistía. Para 1994, los Dantos eran historia. Y desde entonces, se mantienen en el recuerdo de sus seguidores, quienes los han esperado con mucha expectativa.
En 2009, hubo un equipo llamado Dantos, pero no se les tomó muy en serio. Eran muchachos jóvenes con uno que otro veterano de poco impacto y pasaron inadvertidos. Su mejor jugador era Carlos Estrella, pero sin respaldo, no ganaba. Incluso, de manera jocosa, alguien les llamó Dantos “de mentol”.
Así que hoy, en medio de las limitaciones de la economía nacional y lo cuestionable que puede ser el torneo de beisbol de Primera División, hay cierto interés por descubrir cómo reaccionarán los fanáticos ante la posibilidad de revivir algo de aquella rivalidad que llegó incluso a ser confrontativa.
Ya no están Tomás Guzmán, Oscar Gómez, Leo Cárdenas o Luis Cano por los Dantos. Los Indios tampoco tienen a Nemesio Porras, Eustace Martin, Julio Sánchez o Barney Baltodano, pero ambas tropas han confeccionado atractivos equipos capaces de generar batallas muy emotivas.
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