Edgard Rodríguez C.
Vinieron entonces las críticas más envenenadas para el Barcelona. Se habló de la conclusión de un ciclo y se puso en tela de juicio su carácter.
Pero ayer, fue un buen chance para comprobar que el Barcelona aún vive y destruye con estilo.
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Justo cuando se cuestionó su capacidad para levantarse tras sus caídas, el Barcelona recapturó la brillantez que le permitió la admiración mundial, y destrozó 4-0 al Milan, para echarlo de la Liga de Campeones del futbol europeo.
Impulsado por un Lionel Messi que recuperó su magia y un medio campo que volvió a deslumbrar, el Barsa materializó el partido soñado con una remontada de rebites épicos y borró la desventaja 0-2, arrastrada desde el partido de ida.
Messi hizo acopio de su catálogo de recursos y en el propio inicio le jugó las barbas al Milan con su primer gol (5’). Luego disparó desde fuera (40’) para el 2-0. Y tras el descanso, David Villa (55’) y Jordi Alva (92’) sellaron la victoria.
El Barcelona fue rápido en sus desplazamientos, agresivo en sus ataques y colosal en su determinación de atrapar una victoria, que no solo lo envía a los cuartos de final de la Champions, sino que le devuelve la confianza en sí mismo.
No habían transcurrido quince minutos y el Barsa ya tenía un gol de Messi, disparos al arco de Xavi e Iniesta y un frenazo de Abate a Pedro que parecía un penal. Pero el momento cumbre sucedió después y el Milan lo dejó escapar.
Niang se proyectó hacia la meta de Valdés con el balón tras un mal despeje de Mascherano y quedó solo contra el arquero. Y justo cuando la angustia atornilló a la clientela en el Camp Nou, Niang estrelló la bola contra el poste.
Ahí pudo haber quedado sentenciada la eliminatoria, pero el Barsa quedó vivo y pudo volver a mostrar su corazón gigante, el fuego de su sangre y la magia de su futbol.
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