ARNULFO AGÜERO
Tomó el violín, lo afinó y comenzó a tocar, su nombre es William Avilés Mendoza, un joven de 13 años, quien junto con 30 músicos jóvenes se unieron en un concierto de música clásica dirigido por el músico estadounidense Leo Walz, luego vino otra pieza y otra. Y el aplauso sonoro del público presente en la iglesia de San Marcos, Carazo, la reciente parada de gira por el país.
La Orquesta Sinfónica Juvenil Rubén Darío es un nombre que está sonando entre los nuevos grupos de música barroca. Según el músico Ramón Rodríguez, desde su formación un poco más de ocho meses han realizado 25 conciertos en ciudades como la antes mencionada, así como en Rivas y el lejano Río San Juan.
Walz reconoce que este logro ha sido un esfuerzo conjunto del actual desarrollo de la música, en la que se encuentran involucrados el Conservatorio de la música, la escuela de la música de la Upoli, Casa de Los Tres Mundos, de Granada, y Música de los Barrios.
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Para el 7 de abril celebrarán su primer aniversario y para septiembre presentarán su gala de música clásica en Miami.
Esta orquesta fue inaugurada el 15 de abril del 2012 en la X Temporada de Música Clásica, que se celebra anualmente en el Teatro Nacional Rubén Darío.
“Mientras tanto seguirán con sus conciertos y preparándose con nuevos asesores de música para que los capaciten en lo mejor del repertorio de los grandes maestros de la música europea, norteamericana y nicaragüense”, puntualizó Rodríguez.
SEMILLEROS DE TALENTOS
El joven violinista Avilés Mendoza se inició en la música a los 7 años, a los 10 años fue becado, pasando a integrar el grupo Música de los Barrios, ahora practica todos los domingos con la orquesta, y en la semana estudia su tercer año en el colegio Agustiniano, de Campo Bruce.
“Ellos son unos grandes músicos y no tienen que envidiarle nada a otros”, dice el músico estadounidense Leo Walz, quien impartió al grupo un taller de música en un campamento en el hotel de montaña Selva Negra, en Matagalpa. Como parte de las prácticas dieron conciertos en Masatepe y Matagalpa.
El taller que recibieron de Walz abarcó estudios y práctica de la música barroca de los grandes maestros de Europa, e interpretaron piezas como la célebre Suite Teotihuacán, del nicaragüense Luis Abraham Delgadillo y piezas recientes de música segoviana, con arreglo de Pancho Cedeño.
“La experiencia en el campamento y de los conciertos fue buenísima, porque tocamos un gran repertorio”, dice la joven Nelly Silva, quien desde niña ha tocado el piano. Ella es egresada de la Escuela de Música de la Universidad Politécnica (Upoli), y ahora forma parte de la Orquesta Sinfónica Rubén Darío, donde ejecuta el violoncelo con mucha habilidad.
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