María Peña/Washington/EFE
Hugo Chávez Frías (1954-2013), el caudillo surgido de un barrio pobre en Barinas, murió el martes convencido de una presunta conspiración en su contra por parte de EE. UU., una acusación ridiculizada por Washington pero que, según afirmaron ayer expertos, se nutrió de la acritud de las relaciones.
En aquella ocasión, líderes latinoamericanos, todos de izquierda, habían recibido diagnóstico de cáncer: Cristina Kirchner, en Argentina; Fernando Lugo, expresidente de Paraguay; Dilma Rousseff en Brasil y el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Tras extirparle un tumor en la tiroides, los médicos de Kirchner determinaron que no había células cancerosas.
El oncólogo peruano y expresidente de la Sociedad Americana del Cáncer, Elmer Huerta, aseguró que, en todo caso, el cáncer “no se contagia ni se inocula” y que la mayoría de los pacientes no muere de cáncer en sí sino de las complicaciones que este produce.
Chávez falleció tras desarrollar una grave infección pulmonar después de una operación en diciembre pasado en Cuba, la última de las cuatro intervenciones quirúrgicas en la isla desde 2011.
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El martes, el vicepresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, afirmó durante una intervención televisiva que “enemigos históricos” del país “buscaron el punto para dañar la salud” de Chávez, y pidió que una comisión científica eventualmente investigue que este “fue atacado”.
En respuesta, un portavoz del Departamento de Estado, Patrick Ventrell, tachó de “absurda” la acusación de que EE. UU. estuviese implicado en causar la enfermedad de Chávez, y rechazó que Washington esté “involucrado en cualquier tipo de conspiración para desestabilizar” a Venezuela.
LO COMÚN
Manuel Suárez-Mier, profesor de American University y columnista del diario mexicano Excelsior, dijo: “Es típico de los regímenes populistas el recurrir a explicaciones mágicas y a teorías de conspiración”. “(…) es una combinación de ignorancia y paranoia. Para quedar bien con el pueblo que dicen representar, recurren a estas teorías para culpar a otros de sus fracasos”, enfatizó.
“Hay toda una historia negra de EE. UU. en América Latina, pero es bastante antigua; los intentos documentados de EE. UU. para asesinar a Fidel Castro, por ejemplo, son una comedia de errores magnífica, y el caso es que los populistas achacan a sus enemigos políticos sus fracasos. EE. UU. dejó de ser el imperialismo yanqui hace rato”, puntualizó.
La autora y columnista Ann Louis Bardach expresó que la acusación de Maduro “es lo más próximo a la demencia”.
“Pareciera que lo que están haciendo con eso es aumentar el antiamericanismo e impulsar la candidatura (a la presidencia) de Maduro”, señaló Bardach.
“Cuando tienes a un hombre como Chávez con poca disciplina en su salud, que no dormía más de dos a cuatro horas diarias, bebía 26 tazas de café y hasta podría haber tenido trastorno bipolar, no se necesitan teorías de conspiración para que un hombre así desarrolle una enfermedad”, subrayó Bardach.
SEGUIRÁ APOYO
Un alto funcionario estadounidense del Departamento de Estado aseguró ayer en Washington que “este es un momento muy difícil para los venezolanos”, y mostró la “esperanza” de EE. UU. en que las elecciones “se produzcan de acuerdo con la Constitución venezolana y los documentos regionales como la Carta Democrática Interamericana”.
El funcionario, que pidió anonimato, indicó que la expulsión de dos militares de su embajada en Caracas no significa que Venezuela haya abandonado su intención de normalizar relaciones con EE. UU., y mostró su disposición a seguir el proceso. No obstante, anticipó que en la campaña electoral que ahora empieza “seguiremos oyendo comentarios sobre los Estados Unidos, que no ayudarán a mejorar esta relación”, pero confió en que con nuevo gobierno se retomen contactos.
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