Palomas, versos y saxo

El saxofón en la boca de Holbein Sandino hizo el preludio de aquella noche del 18 de febrero en la Alianza Francesa, con un título que bien pudiera ser el de un poema de Marta Leonor González: con motivo de la presentación de su libro: Palomas Equilibristas . Luego el espectáculo del mar en eclosión: aves con alas libérrimas, y en el análisis lírico del misterio, lo que hay de tendido y bestial en el fondo de semejante inmensidad, “El Tiburón que merodea los cielos”

El saxofón en la boca de Holbein Sandino hizo el preludio de aquella noche del 18 de febrero en la Alianza Francesa, con un título que bien pudiera ser el de un poema de Marta Leonor González: con motivo de la presentación de su libro: Palomas Equilibristas . Luego el espectáculo del mar en eclosión: aves con alas libérrimas, y en el análisis lírico del misterio, lo que hay de tendido y bestial en el fondo de semejante inmensidad, “El Tiburón que merodea los cielos”

El paisaje se hizo verbo —y lo fue— en la voz de la poeta que con su sencillez, tomó asiento para sentarse como si estuviera en la mesa de su casa en compañía de la inmediata traducción al francés, de mecenas fraternos y de una concurrencia que calló para escucharla con complaciente atención. “Paloma travesti” luciendo el esplendor figurativo que les pone la ronda nocturna que se va y vuelve con cantinela inmutable. El tiburón puesto como “violín en su jaula” para inspirar la hipótesis de la octava en el encierro al que el violinista recurre en el cauto ensayo.

Los escenarios mostraron la superficie nerviosa de lo que es profundo, y por serlo, una presunción recóndita. Desde abajo fui invitado a viajar por diferentes rutas, una de ellas pretérita, la del francés Aquiles Claudio Debussy, el poeta descriptivo de la música cuando cantó al mar con su poema sinfónico porque en esos momentos la poesía y el paisaje se vuelven música. Todo lo que suma es arte, dicho, visto y oído. Los amados sentidos se abren para relacionarse en una dichosa y compartida traslación.

Y para evidenciar la conexión entre poesía, música y paisaje, el saxo en solo volvió para sonreír con el color de una rosa.

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