Guerrera de la pista

Una bocanada de aire llena sus pulmones y Nayeli está lista para empezar a entrenar. En la pista de atletismo no piensa en más nada que correr y que puede vencer a quien corra a su lado, y lo ha logrado, hasta el punto de hacer llorar a más de alguna de sus contrincantes que han menospreciado su poca experiencia y su pequeño tamaño.

El próximo año, Nayeli podría tomar clases avanzadas para poder completar su primara en un año.  LA PRENSA/M.EZQUIVEL

Por Róger Almanza G.

Una bocanada de aire llena sus pulmones y Nayeli está lista para empezar a entrenar. En la pista de atletismo no piensa en más nada que correr y que puede vencer a quien corra a su lado, y lo ha logrado, hasta el punto de hacer llorar a más de alguna de sus contrincantes que han menospreciado su poca experiencia y su pequeño tamaño.

En la pista, Nayeli no piensa que ve poco a su madre y que sufre cada vez que ve a su padre caminando como perdido mientras su mundo se pierde en las drogas. Cuando corre olvida que Santana es el barrio donde nació, rodeada de expendios y chavalos adictos en las esquinas. Cuando Nayeli está en la pista el tiempo pasa lento y se ve, a veces, como una mujer.

De grande sueña con ser ingeniera en computación. Le gustan las computadoras aunque nunca ha usado alguna. Su sueño también es que de grande pueda seguir corriendo. “No quiero dejar de correr nunca, siento que puedo lograr mucho y quiero hacerlo y puedo ser ingeniera y atleta a la vez”, dice Nayeli.

Son más de diez medallas que colecciona de las competencias en las que ha participado durante año y medio que tiene de haber entrado al mundo del atletismo. Está comenzando pero apunta a ser una de las más grandes del atletismo nacional.

Hoy tiene una importante competencia en San Rafael del Norte, Jinotega. Competirá con una centena de chavalas y chavalos en su categoría de 11 a 12 años. “No dudo que puedo ganar, yo entreno bien pero lo que siento que me ayuda más es sentir esas ganas de ganar, creo que sentir eso da más fuerza”, dice Nayeli.

Entrena todos los días. Al menos dos o tres veces en la pista de atletismo del Instituto Nicaragüense de Deporte (Injude), los otros días se queda cerca de su casa, en la pista Gadala María, la que dice preferir. “Me siento más yo, es más fea, pero no sé, es como si fuera mi lugar”, dice Nayeli.

La pista Gadala María está más que abandonada, el montazal crece y solo cuando algunos vecinos rozan es cuando se ve más decente. El polvo se levanta como nubes tenebrosas cuando la tierra está seca y pasan corriendo sobre ella. Aún así, Nayeli prefiere entrenar aquí y no en la pista de medidas olímpicas y superficie perfecta, forrada con material sintético donde, literalmente, ni una piedra se atraviesa en su camino.

Sus ojos brillan con esa luz de la inocencia que solo en la niñez se asoma. Su vida no es fácil y lo sabe pero también sabe que existe la esperanza de lograr sus metas que ahora, con el atletismo empieza a imponerse.

Hoy cuenta con un tutor que supervisa su asistencia a la escuela, de donde ha desertado en los últimos años. “Este año sí lo voy a terminar, tengo que hacerlo si no no podré cumplir mis metas”, dice con madura claridad Nayeli.

En el salón de cuarto grado del Colegio Panamericano pasa todas sus mañanas, desde las siete en punto, sentada en su pupitre con ese uniforme de camisa blanca y falda apaletonada de color azul.

Antes, debió levantarse, a veces antes de las seis. Vive con su abuela materna en una cuartería de madera y zinc. Aquí ayuda en lo que necesite su abuela. Ella sola prepara sus cosas para salir a la escuela, la independencia prematura le ha tocado en el juego de la vida pero Nayeli no le teme.

Quien la conoce, reconoce en ella que es una niña fuerte, sin temores. Aunque a la primera impresión se muestra tímida. “Tiene un carácter fuerte, creo que será una mujer de decisiones firmes”, dice Nelson Rosales, conocido como “El Pana”, entrenador de Nayeli en la pista Gadala María.

Niña talento

Su maestra sabe que una niña talento está en el salón. Sobre todo está enterada del ambiente familiar del que viene Nayeli. Es por eso que suele tenerle un poco más de paciencia cuando se toma más minutos para contestar las pruebas.

“Ella es un gran potencial, es una niña dedicada”, señala su tutor, “El Pana” quien también es su entrenador en la pista Gadala María.

Esta pista fue la primera que Nayeli conoció. Fue aquí donde el amor por el atletismo nació.

“El Pana” recuerda que la vio correr por primera vez y se dio cuenta que esta niña de faldita y blusa que corría en chinelas de gancho podría llegar lejos.

“Venció a los varoncitos mayores que ella que ya tenían su tiempo de entrenar, eso, a la primera no lo hace cualquiera”, recuerda “El Pana”.

Nayeli por su parte recuerda que la primera vez que llegó a la pista sintió que era el lugar donde quería estar y recuerda ese día como si fue ayer.

Esa tarde del 17 de octubre del 2011 cuando Nayeli pisó el Gadala María por primera vez, iba animada por otros amigos que ya tenían su tiempo de estar llegando. También eran corredores de chinelas de gancho o de calcetín y en el peor de los casos eran corredores descalzos como muchos otros que llegan a esta pista.

“Llegué con chinelas rosadas, no tenía zapatos pero siempre me la he pasado corriendo así en todos los callejones del barrio, así me han conocido todos por ahí, creo que por eso no me da miedo, aunque sea peligroso”, comenta Nayeli.

Desde esa tarde, aunque afirma que le dio pena acercarse a “El Pana”, Nayeli pidió participar en una carrera. “Lo hice y gané” recuerda.

Hoy, año y medio después, Nayeli no ha dejado de llegar a la pista y lo que es mejor, ha sido captada por los grupos de talento del Injude donde cuenta con otro entrenador, Carlos Aguirre quien apuesta por el futuro de Nayeli como atleta.

“En su categoría no hay quien le gane y ha competido con categorías superiores y nos ha sorprendido, ha quedado en segundos y terceros lugares, estoy hablando que ha competido con atletas de 16 a 18 años que tienen muchos más años de entrenamiento y han mejorado su resistencia… Nayeli sorprende”, apunta Aguirre.

Y sorprende tanto que la apuesta es que Nayeli en dos o tres años podrá convertirse en campeona centroamericana.

“Debe seguir entrenando porque así como va estoy seguro que lo puede lograr”, dice Aguirre.

Una niña fuerte

Nayeli no es una niña común. Acepta con madurez y sin pena que su padre es un adicto y aunque no tienen el poder en ella para cambiar la situación, no pierde la oportunidad de expresarle su deseo de que un día cambie.

A veces, solo algunos fines de semana cuando la escuela y la pista no la esperan, Nayeli acompaña a su papá —aunque no vive con él— a limpiar casas o lavar carros. “No me da pena, son esos momentos que aprovecho para hablar con él”, dice Nayeli.

Su madurez y determinación no sabe de quién la heredó. De su madre y su padre sabe realmente poco, aunque es su madre la que mantiene el hogar que comparte con su abuela. De ella misma, lo único que sabe son sus propios recuerdos recientes, así ha formado su propia historia.

“Soy una niña que quiere más de lo que ahora tiene. Soy una niña que puede lograr muchas cosas y cuando lo logre quiero ayudar a la gente pobre, la gente que no tiene nada, ellos también son humanos y merecen tener a alguien que les ayude”, dice Nayeli, con una determinación que eriza los pelos de quien la escucha.

A sus 11 años aún no tiene partida de nacimiento y se emociona cuando del tema le hablan. “Ya quiero tener mi partida de nacimiento porque la voy a necesitar cuando compita en otros lugares… solo necesito a dos testigos, eso es fácil pero es que mi mamá tiene que ir pero ha estado ocupada y me dice que la van a operar y es por eso que no la tengo aún”, explica Nayeli.

Pensar en su próxima competencia la emociona igual que aquella primera vez que le dieron de regalo un par de zapatos deportivos. Esos tenis rojos la hicieron feliz.

“Era diciembre y la verdad sentí mucha emoción. Corrí mucho con ellos hasta que se rompieron”, recuerda Nayeli.

Nayeli y otros niños corredores tienen algunos benefactores que les ayudan con zapatos y ropa para correr. Ha tenido suerte porque siempre llega un par de zapatos de su número.

A veces se le ve corriendo en la cuesta El Plomo, “El Pana” la lleva a entrenar en resistencia hasta este lugar, y lo logra. Su entrenamiento no dura menos de dos horas al día, sus piernas deben ser fuertes y ágiles para ganar.

Otra bocanada de aire llena sus sueños y esperanzas. Sueña y lo hace en grande. Nayeli apuesta su vida en cada competencia porque sabe que correr es su oportunidad de cambiar su vida, “mientras más duro corra más me acercaré a las cosas que quiero lograr”, piensa Nayeli.

En su entrenamiento al menos da diez vueltas a la pista como calentamiento.  En la foto entrena en la pista del Injude.  LA PRENSA/O.NAVARRETE

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