CIUDAD DEL VATICANO/AGENCIAS
Benedicto XVI llegó a Castel Gandolfo, a una treintena de kilómetros al sur de Roma, en cuyo palacio pontificio se alojará a partir de hoy, día en el que dejará de ser papa.
Allí fue recibido por el cardenal Giuseppe Bertello, presidente del Governatorato del Vaticano (ente que gestiona el pequeño estado, del que depende la Villa Pontificia de Castel Gandolfo), y el arzobispo Giuseppe Sciacca, secretario del Governatorato.
Asimismo, estaban presentes el obispo de Albano, diócesis a la que pertenece Castel Gandolfo, Marcello Semeraro; el director de la Villa Pontificia, Severio Petrillo; la alcaldesa del pueblo, Milvoa Monachesi, y el párroco, Pietro Diletti.
Desde el helipuerto se trasladó al palacio apostólico, desde cuyo balcón central se asomará a la plaza del pueblo para dirigir unas palabras a los vecinos y fieles reunidos allí para saludarle.
Será el último acto público del papa, que a las 20:00, hora local (19:00 gmt), dejará de ser el líder espiritual de los más de 1,200 millones de católicos que hay en el mundo.
CAMINO AL CÓNCLAVE
La renuncia del pontífice, la primera desde que en 1294 Celestino V abandonó el trono, abre la vía a la celebración del cónclave para elegir el nuevo papa, que podría empezar en la segunda semana de marzo si todos los cardenales están ya en Roma.
Entre los nombres que más suenan figuran el de los cardenales brasileños Claudio Hummes o Joao Braz de Aviz, así como el del filipino Luis Antonio Tagle o el del canadiense Marc Ouellet, un gran conocedor de América latina.
La decisión de Benedicto XVI marca un precedente en la historia de la Iglesia Católica. Entre los temas que el próximo Papa tendrá sobre la mesa están la difusión del mensaje católico más allá de la congregación de fieles, la modernización de la institución y la respuesta a las acusaciones de corrupción y de encubrimiento de curas pedófilos.
Benedicto XVI se despidió el miércoles de los fieles en una multitudinaria audiencia en la plaza de San Pedro, donde confesó haber vivido días agitados durante su papado, aunque dijo que la iglesia sigue «viva» y que Dios no la dejará «hundirse».
«Siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino Suya, y no la dejará hundirse», afirmó en su mensaje final.
Durante esta inédita despedida papal transmitida en directo por televisión, el jefe de la Iglesia católica explicó que «no abandona la cruz», una respuesta al desconcierto y a las críticas que ha suscitado su gesto entre algunos católicos.







