Franklin Caldera
Como su colega el danés Lars von Trier (Melancolía), el austriaco Michael Haneke (Caché , La cinta blanca y sendas versiones en alemán e inglés de Juegos divertidos) nunca deja de sorprendernos.
Su cine no se circunscribe a un país determinado, su temática es una caja de Pandora y no tiene un estilo inmediatamente reconocible, lo que no impide que sea un consumado autor, en el sentido francés de esta palabra.
Su filme Amor (2012), rodado en París, apunta hacia el anti-cine. En la línea de Jeanne Dielman , 23 quai du Commerce , 1080 Bruxelles (1975), de la realizadora belga Chantal Akerman, la película se compone de largas tomas con la cámara estática mientras los personajes —un matrimonio de ancianos jubilados— realizan labores cotidianas.
Emanuelle Riva, con su belleza preservada a los 85 años, coprotagonizó —con Eiji Okada— uno de los filmes que anunciaron el advenimiento de la Nueva Ola: Hiroshima Mon Amuor (1959) de Alain Resnais. Pero desde entonces, si bien no ha dejado de trabajar —en cine, teatro y televisión—, ha mantenido un perfil bajo. Su actuación en Amor ha recibido muchos premios, incluyendo una nominación al Óscar.
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Pero si bien el cine es montaje, desplazamientos y ángulos de cámara; el anti-cine, como la anti-poesía, cuando resulta el estilo apropiado, puede llegar a ser también cine en su estado más puro. Y Amor es ejemplo de esto.
Haneke en ningún momento utiliza a los personajes como voceros de sus ideas. Los dos ancianos enfrentan la vida en su etapa final con resignación digna de un filósofo budista. No les queda más que su mutuo amor, pero es un amor atemperado por la muerte. La vida como el corazón de una manzana cuando Adán y Eva se han comido toda la pulpa.
Excepto por las visitas de la hija (Isabelle Huppert) y algunos conocidos, ambos pasan los días en su apartamento, resolviendo problemas inmediatos y hablando generalidades. La cámara contemplativa y la aparente no intromisión del director, hacen que del argumento minimalista vayan surgiendo pensamientos inquietantes, motivados por situaciones que todos hemos enfrentado o vamos a enfrentar, directa o indirectamente.
REFLEXIÓN OBLIGADA
Si para Schopenahuer la vida es una lucha por la existencia con la certeza de resultar vencidos, la acumulación de años es la única victoria cotidiana. Pero es una victoria pírrica, pues quienes se acercan a la meta final, añoran la deliciosa incertidumbre de los primeros años —“de lo seguro salir a reposar en lo inseguro”—, con senderos que se bifurcan, en un recorrido que puede interrumpirse prematuramente.
Algunas veces son las conversaciones de la hija la que provocan la reflexión; la indiferencia de sus padres ante las fluctuaciones del mercado o la medicina que detecta enfermedades, controla algunas, cura muy pocas y prolonga la vida aún después de que esta deja de tener sentido.
Y con este tema precisamente cierra este filme contemplativo que desemboca en un final surrealista, único momento en que el director interrumpe la quietud de sus personajes, una quietud que esconde un disgusto a punto de explotar.
Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, Amor fue nominada para el Óscar como mejor película, a pesar de estar hablada en francés. También fue nominada como mejor película no hablada en inglés, como sucedió con Z (1969) de Costa Gavras y La vida es bella (1997) de Roberto Benigni (ambas ganaron en la segunda categoría).
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