A pocos peloteros he visto jugar con tanta pasión y deseos de superarse, como a Everth Cabrera, shortstop de los Padres de San Diego.
Y mejor aún, cuando buscás en sus raíces y descubrís todos los obstáculos que ha debido superar para llegar a los niveles en que se mueve.
Pero además de carencias materiales, Cabrera debió lidiar con limitaciones emocionales. Incluso, con desventajas físicas para el juego.
Y sin embargo, nada lo ha parado. Desde 2009, a veces con más tiempo, a veces con menos, se ha mantenido en las Mayores y ha luchado.
Su tenacidad ha obligado a que se le admire. Su esfuerzo es un monumento al trabajo y sus resultados, un premio sobre la adversidad.
Quizá eso explique la tristeza que nos salpicó ayer, al publicarse por ESPN su vínculo con una clínica que provee sustancias prohibidas.
Cabrera lo ha negado y yo estoy entre quienes quieren creerle. Además, que he visto su esfuerzo por llegar hasta la cima del beisbol.
En una sociedad como la nuestra, con profundas crisis en las familias, que luego se reflejan en la sociedad, el ejemplo de Cabrera es clave.
Este muchacho ha logrado trascender a base de esfuerzo. No sería justo ahora, que por buscar un atajo, su imagen se vea deteriorada.
Major League Baseball lleva a cabo sus investigaciones y la esperanza, es que el nandaimeño salga limpio, como él lo ha asegurado.
Frente a lo que debe ser la mejor etapa de su carrera, Cabrera necesita estar concentrado. Ojalá haya tomado buenas decisiones para que ahora no lo distraiga nada.