Hjalmar Ruiz Tückler
Consultor
A finales del año 2012, la gran mayoría de los países del continente ya contaban con Planes Nacionales para el desarrollo de la Banda Ancha. Tanto los legisladores como las autoridades generadoras de políticas públicas y regulatorias lograron establecer la “hoja de ruta” de la evolución de la Banda Ancha en el contexto del desarrollo económico e inclusión social de las Américas.
Al igual que la electricidad lo fue hace un siglo, la banda ancha es hoy la base del crecimiento económico, la creación de puestos de trabajo, la competitividad mundial y un mejor estilo de vida.
La banda ancha abre paso a nuevas industrias y una amplia y novedosa gama de posibilidades para las ya existentes. De hecho, está cambiando la forma en que se educan los niños, la atención de la salud, la gestión de la energía y la seguridad pública, el trabajo de los gobiernos así como el acceso, la organización y la diseminación del conocimiento.
La masificación de los servicios de banda ancha es clave para consumar los beneficios asociados al desarrollo de internet. Diversos estudios muestran que dichos beneficios son no lineales, aumentando conforme crece el nivel de penetración. Esto significa que es necesario alcanzar una masa crítica de adopción en hogares y empresas para maximizar el impacto positivo de internet sobre el aparato productivo y el tejido social.
Las redes fijas y móviles cuentan cada vez con más capacidades y permiten utilizar innovadores aparatos y aprovechar un creciente número de valiosas aplicaciones. El eje fundamental y común de dichos planes es asegurar el acceso a estos servicios a precios accesibles y que los mismos se puedan aprovechar al máximo para mejorar “el bienestar de los consumidores, la participación ciudadana, la seguridad pública, el desarrollo de las comunidades, los servicios de atención de la salud, la independencia y eficiencia energética, la educación, la capacitación de la fuerza laboral, las inversiones del sector privado, la actividad empresarial, la creación de puestos de trabajo, el desarrollo económico y otras metas nacionales”.
El uso de las tecnologías de la información habilitadas con banda ancha en el ámbito de la salud puede contribuir a una mejora en los servicios y miles de millones de dólares en ahorros en las próximas décadas. La banda ancha puede proporcionar a los maestros las herramientas que ayudarían a sus estudiantes a aprender un determinado concepto en la mitad del tiempo que les ocupa actualmente, pero todavía es escaso el material educativo digitalizado y accesible.
Una red eléctrica inteligente con capacidades de banda ancha podría aumentar la independencia y eficiencia energética, pero muchos de los datos necesarios para gozar de estos beneficios todavía no están a disposición de los consumidores, las industrias y los empresarios.
Los datos más recientes de la UIT (correspondientes a diciembre del 2011) muestran que los países de la región que han logrado mayor desarrollo de la banda ancha (tal como Argentina, Chile y Uruguay) alcanzan niveles de penetración apenas por encima del 10 por ciento, mientras los países más rezagados se encuentran por debajo del dos por ciento. El promedio para la región es 7.7 por ciento.
Por lo tanto, a menos que se logre un significativo incremento en la penetración de la banda ancha en América Latina en los próximos años, será limitado el impacto de esta nueva tecnología en el desarrollo económico y social de la región.
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