Amalia Morales
La han llamado poeta de la furia porque sus palabras muerden, golpean. En ellas hierve una especie de “caldo de púas”, han dicho sus críticos, pero en su cotidianidad lo único rabioso que distingue a Marta Leonor González, es ese rojo chillón que lleva puesto en los labios, el mismo color que quizás se ponga el lunes cuando presente su último poemario: Palomas equilibristas , que se publica en español y francés.
[/doap_box]
González, quien en estos días anda en el corre, corre de la presentación de este poemario, sonríe cuando se le pregunta por el apellido de furiosa que le encajaron cuando publicó Huérfana embravecida , su primer libro individual en 1998. Y sonríe no porque esté en desacuerdo sino porque ella cree que su intención con la poesía que escribe es ser sincera.
“Considero que la poesía debe ser, de alguna manera, un poquito de verdad, de sinceridad. Darío decía ser sincero es ser potente. Yo quiero ser sincera en lo que hablo”, dice González.
En su trabajo anterior, La Casa de Fuego , entró al sagrado mundo de la familia, la desmembró y mostró a esa familia contemporánea y fragmentada que abunda en las sociedades.
En su nuevo trabajo que, según ella misma, es una continuidad del anterior, va más allá. Se adentra al universo complejo de la pareja donde hay miedo, sexo, soledad, ausencia y también deseo por lo prohibido.
Pero también hace un paseo por otros asuntos como la violencia y la muerte, un tema que la ha perseguido desde que empezó a escribir.
En su escritura, González, siempre marca lugares. “Hay varias ciudades”, no una sola en sus poemas. Está Granada, Nicaragua, pero también está París, donde tuvo una estancia de tres meses en el 2012, y de donde salieron algunas de las imágenes de palabra que desfilan en Palomas equilibristas .
A pesar de los temas difíciles que sobrevuelan su poesía, González se define como “una mujer lo más relajada posible” y “amistosa”, es así que se presenta a los recitales y a los talleres que imparte, donde entabla conversaciones con estudiantes, de primaria y universitarios, y con gente común que se interesa por lo que ella escribe. Algunos se identifican tanto con sus palabras que tras el encuentro se acercan, y le agradecen algún poema, le dicen que en esos versos que ella escribió, encerró su historia. A lo mejor la intuyó, porque fue sincera.
Ver en la versión impresa las páginas: 7 B