Canto de ruiseñor

“El amor es una especie de milicia, apartaos, hombres débiles”, dice Ovidio. Un soldado valiente y consecuente en estos terrenos es Julio Francisco Báez Cortés al declarar amor en su primer poemario:

El amor apasionado

Marta Leonor González

“El amor es una especie de milicia, apartaos, hombres débiles”, dice Ovidio. Un soldado valiente y consecuente en estos terrenos es Julio Francisco Báez Cortés al declarar amor en su primer poemario: Náufragos en trance.

Libro prologado por la escritora Daisy Zamora, quien señala que el autor nos lleva “al ámbito del amor filial y familiar, y de allí, a la sensibilidad social”.

Francisco, cuya imagen se le asocia siempre “a los impuestos” por su especialidad en asuntos fiscales, se revela con un libro de poemas cuyo motivo es el amor y se extiende a la esposa, a los hijos, y a los familiares más cercanos.

Es un devoto del amor que se alimenta del amor matrimonial, por eso acota: “¡Solemnemente declaro que la madona eterna de este aspirante a poeta ha sido y sigue siendo mi mujer!, así Francisco (Kiko) se une a la lista de los “poetas enamorados”, cuyos nombres encabezan José Coronel Urtecho y Josecito Cuadra Vega, quienes dedicaron poemas a sus esposas María Kautz y Julia Robleto.

Zamora lo afirma: “Son poemas, pues, de un hombre sincero que le canta sus versos del alma a su María Elsa, su música única, la mujer amada y fuente de su amor, pero de un amor que trasciende desde la intimidad de la pareja a la humanidad entera, y alcanza a Dios”.

Amor a la esposa

“Es un libro del amor apasionado, del amor a mi esposa, de un amor valiente, y que también se extiende a otras mujeres de mi familia. Hay que romper con esa idea del amor que tienen los hombres y dejar la mojigatería, el machismo. El libro fue una sorpresa para mi esposa María Elsa Argüello en sus 59 años y los 39 de nuestro matrimonio”, dice Báez.

Pero ese amor también se goza en el erotismo y las imágenes lúdicas: “Afirman por ahí que hacer el amor es gracioso tintineo y a la vez cuestión de honores. ¡Estado de gracia que llovió del cielo!”, recita el autor de Prenda íntima .

En su nueva faceta de trovador hace eco de sus lecturas, Rubén Darío, Ernesto Cardenal, Mario Benedetti y canta con ironía en algunos Epigramas que advierten reflexiones sobre la vida y la humanidad, “amor y soledad tienen cierta afinidad, atiéndelos a tiempo con especial fidelidad”.

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