La mochila en la oficina

A lo largo de nuestra vida profesional y a medida que vamos subiendo de estatus en nuestras respectivas carreras podemos tender a flexibilizar, aunque sea ligeramente, nuestra manera de lucir, cuando debería ser lo contrario.

Marianela Lacayo

Asesora de imagen

A lo largo de nuestra vida profesional y a medida que vamos subiendo de estatus en nuestras respectivas carreras podemos tender a flexibilizar, aunque sea ligeramente, nuestra manera de lucir, cuando debería ser lo contrario.

En los últimos años se han incorporado a la etiqueta profesional algunas libertades que, sin duda, pueden y deben ser tomadas en cuenta. Etiquetas más casuales son bien vistas y recibidas en ciertos entornos, más no debemos abusar de ellas y sobrepasar algunos límites que pueden afectar seriamente nuestra imagen profesional.

La correcta etiqueta no debe ir reñida con la comodidad, más existen ciertos complementos que no deben nunca ser usados en el entorno empresarial. Este es el caso de la mochila.

Estudios apuntan que el 93 por ciento de la información que la gente percibe de nosotros viene de la comunicación no verbal. Esto incluye la apariencia física y la ropa que usamos. Mientras que un traje sastre  representa formalidad, una mochila en la oficina transmite inmadurez, poca responsabilidad y señala que te cuesta cerrar ciclos.

Debés saber que vestir para cada ocasión y lugar, y en el trabajo, optar por un maletín sencillo y atemporal, ya sea en piel o sintético, para mostrar ese lado más adulto y ordenado, es la mejor opción.

Además el uso de mochilas daña las hombreras y la espalda de un blazer y puede hacer que tu mejor ropa, en la que más has invertido, dure menos de lo que esperás.

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