Allan Centeno (de camisola), habitante del reparto Róger Deshon, fue beneficiado por Techo Nicaragua. LA PRENSA/E. LÓPEZ

No se mojarán más en casas

La apertura de una nueva oficina en León y la construcción de nuevas viviendas en el occidente del país son los logros más recientes de la organización Techo Nicaragua.

Eddy López Hernández

La apertura de una nueva oficina en León y la construcción de nuevas viviendas en el occidente del país son los logros más recientes de la organización Techo Nicaragua.

El jueves en León se inauguraron cinco viviendas más, para un total de 1,058 viviendas a nivel nacional.

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Techo está presente en Latinoamérica y el Caribe, busca superar la situación de pobreza que viven miles de personas en los asentamientos precarios, a través de la acción conjunta de sus pobladores y jóvenes voluntarios.

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Laura Lacayo, directora social de Techo Nicaragua, dijo que pretenden superar la condición de pobreza en que viven miles de familias en el país, a través del trabajo en conjunto de voluntarios y familias.

“Son 1,058 familias con las que hemos trabajado en muchos departamentos y particularmente en el occidente del país hemos construidos 202 viviendas. Estamos dando los primeros pasos de crear las oficinas en León y así darle continuidad al trabajo”, dijo Lacayo.

Ana Thomas, directora ejecutiva de Techo Nicaragua, dijo que buscan una Nicaragua donde no haya asentamientos, donde no existan personas viviendo en la vulnerabilidad. “Hoy le presentamos a la sociedad que Techo tiene cuatro años en Nicaragua, trabajamos por superar la situación de pobreza que se vive en nuestro continente”, dijo.

“Allan Centeno es un poblador del reparto Róger Deshón, (su familia) es una de las primeras familias beneficiadas, a partir de la construcción de la vivienda decidió hacer una panadería en el mismo terreno, el ingreso económico ha mejorado y está generando empleo a habitantes de la comunidad”, manifestó Thomas.

Martha Gutiérrez, de 50 años, es otra de las beneficiadas. Aseguró que vivían en condiciones precarias. “La casita que teníamos se estaba cayendo, nos mojábamos cuando llovía”, dijo.

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