Agencias
Lincoln, de Steven Spielberg, es la cinta con más nominaciones al Óscar este 2013 y una de las grandes favoritas a ser la mejor película. Se estrena hoy en las salas de cine nacional.
[/doap_box]
Y hay que verla, por muchas razones. Por ejemplo, porque en sus dos horas y media de duración se eleva como mejor lo hacen las grandes películas norteamericanas. Es portentosa, sin ser excesivamente solemne; emocionante, sin recurrir a manipulaciones; pausada, sin llegar a cansar. Posee un ritmo sosegado que fraterniza a la perfección con la belleza de su fotografía.
También está Daniel Day-Lewis encarnando al icónico presidente de EE. UU. Su actuación —que también lo lleva a ser el principal candidato para el galardón de la Academia— es contenida y verosímil, repleta de momentos notables.
Lo curioso es que esos momentos no se lucen tanto en los paroxismos histriónicos, sino más bien en las secuencias sutiles e íntimas de la película: cuando descansa con su hijo, cuando está a la espera de las decisiones del Parlamento, cuando reflexiona en soledad… Los méritos de este papel se rastrean mejor en lo que Day-Lewis puede guardar que en lo que se atreve a mostrar.
Lo rodea, además, un enorme reparto. Por sobre todos, Tommy Lee Jones, como un progresista parlamentario republicano. Y luego David Strathaim, James Spader, John Hawkes, etc.
Definitivamente Lincoln es una película que tienen que ver.
Ver en la versión impresa las páginas: 1 B