Roberto Morales/EFE/MADRID
El Camp Nou dictará sentencia a las semifinales de la Copa del Rey, tras el primer capítulo de un clásico repleto de futbol, en el que a falta de goles de Cristiano Ronaldo y Leo Messi, el Barcelona pudo sentenciar tras el tanto de Cesc Fábregas y permitió levantarse a un Real Madrid amparado en la figura de un inconmensurable Varane (1-1).
- Barcelona 1
- Real Madrid 1
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Pero Messi manufacturó el primer gol del partido, asistiendo a Cesc Fábregas a los 50 minutos, para que el Barsa afronte el cotejo de vuelta, que se disputará el 27 de febrero en su feudo, con viento a favor pese al empate de Raphael Varanne, conseguido a los 81 minutos.
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Real Madrid y Barcelona homenajearon al futbol en un clásico de alta intensidad, explotando cada uno sus virtudes, tan diferentes y a la vez brillantes, que les convierten en los mejores equipos del planeta.
José Mourinho recortó la abismal diferencia que separaba a los dos equipos. Recuperada la autoestima madridista, pasó a apostar por mirar a los ojos del rival. De cerrojazos pasó a presión en campo rival. El Bernabéu lo saboreó.
Fue valiente Mourinho ante el planteamiento de Tito Vilanova, que estaba en el Bernabéu sin estar presente. Las bajas en defensa condicionaban al portugués. Con Pepe y Sergio Ramos, veloces, la línea defensiva puede estar adelantada y el equipo unido en la presión. La lentitud de Carvalho era correr riesgos. Si retrasaba la defensa el equipo sería demasiado largo y aparecerían los espacios. Ahí Messi se mueve como pez en el agua.
Carvalho lo sabía y saltó nervioso. Emergió la figura de Varane. Su primer clásico y jugó como si fuese él quien tuviese más experiencia en la zaga blanca. Con el Real Madrid mordiendo desde el inicio, su aguante físico marcaría el duelo. Necesitaba compromiso y ayudas defensivas. Con ellas consiguió incomodar al Barcelona. La salida de balón azulgrana fue entorpecida.
El partido arrancó igual que en el primer acto. Al primer minuto una ocasión madridista. Benzema recortó con clase pero chutó arriba. Duelos tan igualados se deciden por detalles, por un pequeño error. El de Callejón fue grande y doble. Despejó mal. Al centro. Y se quedó enganchado y rompió el fuera de juego. El balón cayó en Messi que cedió a Cesc, un futbolista que lee espacios como pocos. En el mano a mano superó con facilidad a Diego.
El gol dejó anestesiado unos minutos al Real Madrid. Sobrevivió gracias a Varane, enorme en las coberturas, rápido ante Cesc cuando de nuevo se plantaba solo para marcar el segundo. Era la ocasión que necesitaba el Real Madrid para la resurrección pero las fuerzas ya no eran las mismas.
La semifinal mantiene la vida porque Varane completó su mejor partido con lo único que le faltaba. Un centro desde la derecha de Özil, lo cabeceó con el alma a la red.
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