Oscar González Morales
Las fuerzas antimotines de la Policía Nacional dieron una cobertura necesaria al sexto juego de la final, en el que había un alto riesgo, por la masiva asistencia de fanáticos y la importancia misma del juego.
Es un hecho que al estadio Roque Tadeo Zavala entraron aficionados más allá de su máxima capacidad.
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Entender las palabras de la persona que tenías a la par era un difícil trabajo, el ruido era ensordecedor y en el estadio no queda espacio para un alma más, y es que los aficionados de Granada volvieron a ser protagonistas de un impresionante lleno, ayer en el sexto juego de la final de la Liga de Beisbol Profesional Nacional (LBPN).
Motivados por el repunte del Oriental, que puso la serie 3-2 aún a favor de los Tigres de Chinandega, los aficionados granadinos encontraron nuevamente el camino al estadio, después que en los dos juegos anteriores que el Oriental tuvo como equipo de casa, no habían logrado llenar a su máxima capacidad el Roque Tadeo Zavala.
Pero, como ya es costumbre cuando el Oriental pasa un buen momento, sus aficionados no solo llenaron el estadio, sino que hicieron suyo el espectáculo, con una emoción expresada con aquel impresionante ruido.
Solo las notas del Himno Nacional antes del juego pudieron controlar por un momento aquella emoción colectiva, que hizo del juego uno de los más vibrantes de esta temporada.
Las ya comunes pitoretas en el estadio no daban lugar a que se escuchara algo más, solo los gritos de los miles de fanáticos en esos momentos apremiantes del partido podían sobresalir.
El pequeño grupo de chinandeganos que llegaron a La Gran Sultana no tuvieron oportunidad alguna, ante el despliegue de los granadinos, que ahogaron cada intento de los fanáticos Tigres en sus gritos de batalla.
Y que se pude hacer ante un ejército de fanáticos como el de ayer, que era tan grande que hasta volvieron a poblar el sector izquierdo del estadio, en donde ya no hay gradas, pero que una zona engramada les da el espacio necesario para poder ser parte de este duelo.
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