Arnulfo Agüero
Figuras de campesinos migrantes, épicas sociales, esbozan la historia de Leonel Cerrato, quien para perennizar su arte usa una paleta de piedras de colores extraída de la meseta del Tisey, Estelí, donde nació.
Verlo pintar con piedras impresiona aún a conocedores de arte. Sus obras han sido pintadas con materiales acrílicos, es la piedra que gobierna su arte en mosaico, realizado en formato de cuadros, y en murales sobre las fachadas de los edificios.
A sus 67 años en marcha, Cerrato confiesa que su gran sueño es ver murales de grandes dimensiones pintados con piedras en espacios públicos con temas de la identidad nicaragüense, en estilos abstractos, figurativos, y repujadas en cobre o bronce.
LOS MURALES
“La técnica duradera para murales es el mosaico o cerámica. Los pintados en acrílicos en Nicaragua se han descolorado al paso del tiempo, otros han sido borrados o desaparecidos sin dejar huellas”, reflexiona este maestro, quien ha pintado murales en nuestro país y en el extranjero.
“Pinto con óleo, acrílico, pigmentos, y uso gran variedad de piedras para armar las composiciones en mosaicos”, explica. El último mural mosaico, de veinte metros cuadrados, fue realizado a finales del año pasado en la fachada de Funarte, Estelí, utilizó piedras de tonos rojos, amarillos, verdes, negros, blancos, grises, extraídas de la comarca de San Nicolás.
“A nivel estético es uno de los mosaicos más grandes de Nicaragua”, asegura el investigador Bayardo Gámez. En este proyecto que refleja la vida cotidiana del campo participaron jóvenes instructores y alumnos bajo la dirección de Cerrato.
En los años noventa, mientras en Nicaragua el gobierno de turno borraba los murales públicos, Cerrato partió a Europa a pintar murales acrílicos, 14 de ellos en las principales ciudades de Francia, tres en Austria, y dos en la Isla de Sardegna, Italia. Otros los pintó en España.
El medallón del papa Juan Pablo II, que se encuentra en la plaza de su mismo nombre, en Managua es una de sus tantas obras.
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Otra de las técnicas duraderas que se debería de implementar en nuestro país es el fresco, propone Leonel, quien sigue viendo la tierra como la materia prima eterna: “De las piedras se sacan los pigmentos, son los colores de la tierra, estos se aplican sobre la cal fresca que es cal virgen, estos penetran y dan durabilidad”.
La experiencia de este maestro en esta técnica se remonta a 1986. Fue uno de los pioneros en ser parte de la escuela de muralismo Enapun-DAS (Escuela Nacional de Arte Público Monumental-David Alfaro Siqueiros), dirigido por el italiano Sergio Michilini.
“Ahí comencé a quebrar piedras cortadas manualmente, usábamos cemento, ahora con los materiales, pegas y equipos de corte rápido, se pueden hacer murales mosaicos desarmables con mayor calidad y en menor tiempo”, comenta.
El pintor
Nació un 31 de diciembre de 1946 en el valle de Almaciguera, en el Tisey, hoy una reserva natural. Fue atendido por una partera, cuenta José Leonel Cerrato Jirón, quien en sus años mozos fue carretero, machetero, cortacaña y vaquero.
Junto con su padre Guillermo Cerrato, su madre Cruz Jirón, y hermanos tuvieron que colonizar las espesas montañas para poder sembrar. Estas eran unas selvas impenetrables habitadas por animales salvajes, donde solo se filtraba el viento, pero llegó el despale y destruyó su belleza, dice con pesar al recordar aquellos años.
“Es uno de los pintores más nicaragüense de lo nicaragüense, fiel a su realidad campesina que ha reflejado en su pintura y murales que ha realizado”, valora el pintor Róger Pérez de la Rocha.
“Estudié con Leonel en la Escuela Nacional de Bellas Artes, en Managua, era un muchacho destacado, estupendo amigo, con una humildad loable, viajó a países de América del Sur, se ha destacado como muralista”, añade.
Dibujos
Sus primeros dibujos datan desde 1964, cuando era un estudiante de primaria, uno de ellos, Rafaela Herrera, fue a parar a la colección de la Pinacoteca del Banco Central.
Fue director de la Escuela de Muralismo, maestro en el Taller de Gráfica Nicaragua Libre, y en galería Vértice, espacios donde ha impartido clases de mosaico, acrílicos y batik, esta última una técnica textil extraída de las plantas.
Para el muralista Reinaldo Hernández, este maestro del arte en piedras se ha convertido en uno de los artistas creadores más sobresalientes del país. En 1991 la Alcaldía de Estelí le otorgó la Orden Centenario por sus aportes al rescate de nuestras raíces culturales e históricas.
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