Oscar González Morales
Quizás algo golpeados por una primera derrota de 10-1 ante los Tigres de Chinandega, los aficionados del Oriental llegaron en buen número, pero se quedaron lejos de las expectativas de otro lleno histórico, anoche en el segundo partido de la final de la Liga de Beisbol Profesional Nacional (LBPN) en Granada.
Wilder Rayo, de León, llegó al estadio para recibir su premio como líder en efectividad y colíder en triunfos, precisamente, este último lo compartió con Juan Figueroa del Oriental, que a su vez recibió el reconocimiento como el más ponchador.
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Aquellas interminables filas en la boletería y las puertas de acceso, los pasillos atestados de fanáticos viendo de pie el juego y el retumbar que provocaban las consignas de batalla de los granadinos, quedaron de un lado.
La entrada fue muy buena, con todas las localidades del estadio casi llenas, pero aquella euforia de los partidos de la serie de playoff ante el Bóer dejaron un difícil reto para los aficionados del Oriental, que en ese segundo juego de la serie y primero en Granada, quedaron lejos de crear un ambiente de esa magnitud.
Aún así, el ambiente fue de final, aunque eran menos, los granadinos volvieron a demostrar que pueden meter ruido a un juego, al punto de llegar a ser incidentes en el mismo, jugándole mala pasadas a la concentración de los peloteros en algunos momentos.
Pero hay que darle mérito a los Chinandeganos, que llegaron con una banda filarmónica como batallón de avanzada y con todos el equipamiento para la “batalla en las gradas”, pitoretas, banderas, silvatos y sus gargantas.
Y fueron buenos los enfrentamientos en las gradas, con gritos de batalla a favor de sus equipos, que se enfrascaron en una especie de competencia paralela al partido.
Quien dice que el beisbol ha perdido adeptos en el país, que ya no es tan popular, le debería bastar con asistir a un duelo de esta final, sentir la vibra que rodea a los aficionados, que hasta en expertos se vuelven, cuando de estrategias de juego se trata y estando en la grada las ganas de estar en el terreno les inunda todo su ser.
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