Agencias/Vida
Cuando uno de los miembros de la pareja intenta controlar al máximo la vida del otro y tomar las riendas de la relación, no solo se resiente el amor y se mina la confianza, sino que además se ve alterado el deseo sexual y pueden surgir conductas abusivas. A más control, mayor riesgo de conflicto y ruptura.
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Las mujeres jóvenes cuyas parejas intentan controlarlas corren un mayor riesgo de padecer abusos como la violencia doméstica física y sexual, de acuerdo con un estudio de la Facultad de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia, en Nueva York (EE. UU.).
Según otro estudio de la Universidad del País Vasco (España), las personas inseguras, con tendencia a la ansiedad o a evitar ciertas personas o situaciones y al cuidado compulsivo o “controlador”, viven el deseo sexual de manera más conflictiva y están más insatisfechas en su relación de pareja.
“Quienes buscan asumir el control del otro, están más preocupados por tener poder en la relación o protegerse del daño que podrían causarles, que por amar realmente a su pareja. Creen que son dueños de la otra persona y que no tiene derecho a una vida privada”, señala la psicoterapeuta María Campos Oliva.
“Al principio me gustaba que mi novio se preocupara por mí, me llamara por teléfono, enviara mensajes al móvil y estuviera pendiente de mí. Me gustaba que tomara la iniciativa para comunicarse. Pero su deseo de conocer mis movimientos se tornó obsesivo y su interés se convirtió en control. Él necesitaba saber todo para dominar la relación, hasta que terminó asfixiándola”.
El testimonio de María, una farmacéutica de 39 años de edad, refleja la tensa y a la larga insostenible relación con una pareja controladora. De hecho, su relación se rompió poco después.
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