Vivir como él

La visión lo acompañaba siempre obligándolo a ser cada día mejor aunque eso estuviera lejos de las expectativas de su existencia, él no deseaba ser como otros anhelaban que fuera, requería imperiosamente ser como él mismo, no como un difunto lejano, arcaico y demasiado vertical en sus requerimientos, estaba bien que ese figura del pasado hubiera llevado su propia vida por derroteros extremos, pero la pregunta hecha siempre por su cerebro era ¿Por qué ser como él? ¿Por cuál razón vestir como él? ¿Por qué motivo rapar su cabello y dejar crecer sus patillas de la misma forma que las usaba sesenta años antes una persona que vivió su momento y amó, odió, mató? En realidad él no sentía hostilidad por nadie, pero sentimientos hoscos machacados en sus entrañas lo obligaban a actuar como la figura inspiradora de su movimiento.

Jorge Izquierdo Miller

La visión lo acompañaba siempre obligándolo a ser cada día mejor aunque eso estuviera lejos de las expectativas de su existencia, él no deseaba ser como otros anhelaban que fuera, requería imperiosamente ser como él mismo, no como un difunto lejano, arcaico y demasiado vertical en sus requerimientos, estaba bien que ese figura del pasado hubiera llevado su propia vida por derroteros extremos, pero la pregunta hecha siempre por su cerebro era ¿Por qué ser como él? ¿Por cuál razón vestir como él? ¿Por qué motivo rapar su cabello y dejar crecer sus patillas de la misma forma que las usaba sesenta años antes una persona que vivió su momento y amó, odió, mató? En realidad él no sentía hostilidad por nadie, pero sentimientos hoscos machacados en sus entrañas lo obligaban a actuar como la figura inspiradora de su movimiento.

Siguió arrastrándose por la cañada, al erguirse atrajo hacia sí el fuego enemigo, distrajo de este modo a aquellas personas que lo hostigaban, parte de su grupo pudo escapar con rumbo sur, entonces, rompiendo con el guión previsto apuntó bien el fusil M1 contra sus perseguidores y avanzó sobre ellos disparando, siempre disparando. Voces aterradas se escucharon. “Hirieron al ministro Fernández”. “Mató al ministro Álvarez”. “Fuego a él, fuego a él”. Sobre el infértil terreno una figura humana de rostro hirsuto por las privaciones de la vida en campaña, vestida con un haraposo uniforme militar se desangraba lentamente víctima de muchos disparos de francotiradores. A su alrededor todo era caos, helicópteros y limusinas encendieron sus motores no lejos de allí.

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