De Carlos Andrés Pérez a Hugo Chávez Frías

José Antonio Jarquín

La historia de Nicaragua ha estado ligada estrechamente al Palacio de Miraflores.

Corría el año de 1957 y por aquellas coincidencias del destino el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (PJChC) se encontró con Carlos Andrés Pérez (CAP) en San José, Costa Rica, ambos sufriendo el exilio por luchar por la libertad de sus respectivas patrias.

Desde ese instante sellaron sus destinos en lazos de una amistad en torno a la causa de la libertad y la democracia.

Ante el vil asesinato de PJChC, CAP se comprometió a luchar por la democracia de Nicaragua para que la muerte de su amigo no fuera en vano, y se hiciera realidad el sueño de ver a Nicaragua volver a ser República, se involucró de lleno en la lucha contra la dictadura somocista junto con otros mandatarios latinoamericanos buscando una solución al conflicto, desde promover alternativas de un “relevo constitucional” de Somoza, hasta ejercer presión ante la OEA y el presidente Carter.

En su momento, CAP volcó su apoyó financieramente al FSLN a través del Grupo de los Doce, con desembolsos mensuales de cien mil dólares por más de un año hasta el final de su periodo, en marzo de 1979.

En los albores del triunfo revolucionario y como un gesto de agradecimiento y gratitud, a solicitud de Omar Torrijos, la dirección nacional del FSLN delegó a Edén Pastora y Dora María Téllez para que le entregara a CAP en calidad de “depósito” la Bandera de Nicaragua que había sido tomada como trofeo de guerra del Palacio Nacional, para que fuese devuelta cuando Nicaragua fuera libre, la Bandera la llevó de regreso CAP en su primer viaje a la Nicaragua Liberada y fue puesta en el mismo lugar del salón de sesiones del Palacio Nacional.

Como una ironía del destino, CAP el otrora benefactor de los sandinistas, sufre un intento de golpe de Estado por parte del golpista de Hugo Chávez y posteriormente es juzgado con escarnio y el congreso nacional lo destituye como presidente de la República por la falta absoluta a su cargo, por el delito de peculado doloso y malversación.

Durante el proceso se reveló que ese dinero había sido utilizado en la seguridad de la presidente Violeta Barrios de Chamorro, la viuda de su amigo de exilio, quien temía por su seguridad y desconfiaba de la policía sandinista.

Al morir, en el año 2010, se demostró la ingratitud del tirano de El Carmen y de su consorte. Lamentablemente la política es así y no hubo ni siquiera un humilde gesto o pronunciamiento de condolencia por su fallecimiento, para no agraviar al nuevo socio benefactor bolivariano del orteguismo y como reza el dicho popular: “mal paga el diablo al que bien le sirve”.

La cantidad por la que fue enjuiciado y destituido CAP es una minucia a la par de la danza de millones de petrodólares que Hugo Chávez le ha transferido a su hermano del alma en los negocios oscuros del Alba.

Chávez se ha convertido en el hermano mayor de Daniel Ortega, y al amparo de su nuevo benefactor le ha permitido amasar una inmensa fortuna, quien después de estar en la lipidia y en la vil calle “gobernando desde abajo” a punta de chantajes a la democracia se ha enriquecido obscenamente.

Hoy Ortega y su consorte ruegan y le imploran a Dios y a los espíritus por la pronta recuperación de la salud del socio benefactor de turno para que sigan lloviendo los petrodólares, pero ante los hechos se evidencia la doble moral de Ortega, pues nadie garantiza la lealtad del tirano de El Carmen, hay que verse en ese espejo. Descanse en Paz CAP.

El autor es comentarista político.

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