México/AFP
Las protestas en Ciudad de México que el 1 de diciembre enmarcaron la asunción del presidente Enrique Peña Nieto, en el Palacio Legislativo, provocaron la indignación de la sociedad civil, ONG locales e internacionales por la violencia y arbitrariedad con la que, dijeron, reaccionó la policía.
“La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) cuenta con información consistente de 22 casos de personas que fueron detenidas arbitrariamente por la policía”, indicó en un comunicado la institución, que además documenta otros cuatro casos de posible tortura.
El evento degeneró cuando en los alrededores de ese recinto un grupo de personas armadas con tubos, cohetes y bombas molotov iniciaron una batalla campal contra policías federales, quienes respondieron con gas lacrimógeno y, según un paramédico, incluso con disparos de balas de goma.
En el enfrentamiento resultó herido el estudiante de 22 años Juan Uriel Sandoval, quien el jueves salió del Hospital General de la capital mexicana, donde le extirparon un ojo. “Pido justicia para todos los compañeros que han sido asesinados dentro del movimiento social, pido justicia y libertad para los presos políticos”, dijo Sandoval en silla de ruedas y usando gafas de sol.
El otro herido de gravedad, Juan Francisco Kuy, de 67 años, está en coma inducido por traumatismo craneoencefálico.
Manuel Mondragón y Kalb, encargado del despacho de la Secretaría de Seguridad Pública federal, dijo ayer, a MVS radio, que “a los estudiantes buenos que estuvieron haciendo una protesta pacífica (…) se les infiltraron personas con otros propósitos”.
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