Urge actuar contra el cambio climático

La mayor parte de los efectos que prácticas agrícolas inadecuadas han provocado al medioambiente en las últimas décadas son irreversibles. Se espera que para el 2020 la temperatura promedio anual se incremente en al menos un grado centígrado. Para el 2050 el aumento podría alcanzar los dos grados centígrados.

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Lucydalia Baca Castellón

La mayor parte de los efectos que prácticas agrícolas inadecuadas han provocado al medioambiente en las últimas décadas son irreversibles. Se espera que para el 2020 la temperatura promedio anual se incremente en al menos un grado centígrado. Para el 2050 el aumento podría alcanzar los dos grados centígrados.

Eso redundará en un déficit creciente de agua, provocado por la escasez de lluvia y altas tasas de evapotranspiración (pérdida de humedad de la superficie por evaporación directa y transpiración de la vegetación). Una de las consecuencias directas en la agricultura centroamericana será la reducción de las áreas aptas para la siembra de maíz y frijol. El rendimiento de esos cultivos también disminuirá.

Esto pondrá en riesgo la seguridad alimentaria de los habitantes de la región y a más de un millón de agricultores de subsistencia. También provocará pérdidas económicas anuales de hasta 122 millones de dólares, advierte el estudio Tortillas en el Comal (TOR por sus siglas en inglés): Los sistemas del maíz y el frijol en Centroamérica y el cambio climático.

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En el caso de Nicaragua, Bernardo Torres, director de adaptación de la dirección general del cambio climático del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), detalló que se han realizado estudios de impacto que han permitido establecer más de diez planes de adaptación para municipios de Occidente, que contemplan desde medidas de cosecha de agua hasta fondos para la búsqueda de respuesta a estos efectos.

Según el funcionario, en los próximos dos años deben estar establecidos los planes de adaptación en los municipios más vulnerables del país, para proteger de manera especial a los pequeños productores que cultivan entre dos y cinco manzanas.

Pese a estos esfuerzos, Torres abogó por el establecimiento de una política de Estado que permita contrarrestar los efectos del cambio climático.

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La investigación fue realizada por Catholic Relief Services (CRS), el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (Cimmyt) con el auspicio de la Fundación Howard G. Buffett. Incluyó a los países que integran el CA-4: Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua.

NICARAGUA CON VULNERABILIDAD MEDIA

Los resultados del estudio revelan que El Salvador presenta el índice más alto de vulnerabilidad seguido por Honduras y Guatemala. Nicaragua en cambio tiene una vulnerabilidad media, que se incrementa por la sequía prolongada y otros fenómenos climáticos.

“En base a estudios científicos hemos tratado de establecer lo que ocurrirá en el futuro cercano y en el futuro lejano. Con esto los gobiernos, municipalidades, cooperación internacional y los propios productores pueden comenzar a implementar cambios que permitirán adaptarse a estos efectos y reducir su impacto; porque no es que todos vayan a perder, algunos podrán ganar con el cambio climático”, dijo Axel Schmidt, científico del CIAT y consultor del estudio.

GOLPE AL FRIJOL NICA

Pese a ser el país menos vulnerable, en el denominado corredor seco de Nicaragua —entre Rivas y Granada y entre Estelí y Madriz—, el rendimiento en las cosechas de frijol se podría reducir hasta en un 14 por ciento. Es decir, las 140,000 toneladas que el Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor) reportó que se produjeron en esa zona en el 2011, se reducirían a unas 120,000 toneladas en el 2020.

En cambio, en la zona del Atlántico y Chontales los rendimientos se mantendrían constantes o hasta podrían mejorar si se adoptan mejores técnicas de cultivo.

A eso hay que sumarle que para el 2020 las tierras aptas para maíz a nivel nacional podrían reducirse hasta en un 11 por ciento. “Eso implica una pérdida de producción de 51,741 toneladas en comparación con las últimas estadísticas de producción 2010-2011 del Magfor”, advierte el estudio.

Así como la proyección de daños en los cuatro países del CA-4 que participaron en el estudio son muy distintas, a lo interno del país las diferencias también serán significativas.

En Masaya y Chinandega, por ejemplo, la reducción de áreas aptas para el cultivo del maíz podría alcanzar hasta el cuarenta por ciento. Mientras que en Jinotega, Matagalpa y la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS) se prevé que no supere el diez por ciento.

Mientras en algunas zonas los daños esperados son significativos, en otras como los altiplanos del centro oeste de Guatemala se espera que las condiciones más cálidas propicien la producción de maíz y frijol.

Sin embargo, muchas de las zonas que se prevén ganarán idoneidad para cultivos se encuentran en zonas frágiles a nivel ecológico, como bosques y humedales.

Pese al sombrío panorama que describe la investigación, Schmidt enfatiza que el objetivo no es atemorizar, sino proporcionar la información necesaria para definir la estrategia que permita contrarrestar, o al menos reducir el impacto del cambio climático en el cultivo de maíz y frijol en el istmo.

Para establecer estas medidas se identificaron distintas zonas de intervención que se dividieron en críticas, de adaptación y de presión. Un manejo adecuado del suelo y el agua serán clave para disminuir el impacto.

Los investigadores que realizaron el estudio consideran que la capacitación de los pequeños agricultores y el liderazgo de los gobiernos en la instauración de políticas agrícolas inteligentes respecto al clima es lo que hará la diferencia.

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