Edgard Rodríguez
La naturaleza irreverente del nicaragüense quizá no debería ser vista necesariamente como valor negativo. Al contrario, es la inconformidad, bien fundamentada, la que motiva cambios y puede propiciar avances.
Pero es común nuestra tendencia a ser demasiado exigentes con quienes a base de esfuerzo logran salir del conglomerado, para convertirse en figuras de cierta relevancia, y no se les deja un margen para el error.
Si un lanzador llega a las Grandes Ligas queremos que gane 20 partidos, y si no lo hace, es malo. Si alguien no resume .300, no sirve como bateador. Y si no se noquea en boxeo, es que no se preparan bien los púgiles nicas.
Si no, veamos: basta una mala salida de Vicente Padilla en las Mayores, para decir que mejor debería irse al Chinandega. Y si cargan a palo a Erasmo Ramírez, es que ese es un chavalo AA, pero que le falta mucho.
Ahorita que Wilton López iba para Filadelfia se dijo que ahí sí iba a probar si es tan bueno, como si en los Astros se la pasó pajareando. Y de Everth Cabrera se dijo mucho, hasta que robó 44 bases y hubo que reconocerle.
Y no es que tengamos que dejar de expresar lo que sentimos. Pero no podemos olvidar, por ejemplo, que llegar a las Grandes Ligas implica un esfuerzo enorme. De cada 100 firmados, cuatro llegan. Eso es muy difícil.
No tenemos estrellas, pero los big leaguers nicas pelean. Padilla es ganador de más de 100 juegos; Wilton, un caracterizado relevista; Cabrera un torpedero solvente, y veremos qué es capaz de hacer Erasmo, quien comienza a escribir su historia.
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