Fabián Medina
Twitter: @Fabian_Med
¿Y la investigación?
¿En qué quedó la investigación sobre las denuncias de tortura en Nueva Guinea? ¿Cuándo la Policía expondrá los resultados? No parece ser una investigación muy difícil. Al menos desde el punto de vista técnico. Están las víctimas, las denuncias, los golpes y los testimonios. Se han dado algunos nombres de policías que se comportaron como sicarios. Preguntas obligadas. ¿Por qué si era un enfrentamiento entre dos grupos políticos solo hubo detenidos y golpeados de un lado? Y si los agresores fueron de ese lado, ¿por qué fue la casa del partido de ellos la que resultó destruida y no la otra? Solo quedan dos opciones: o a los simpatizantes del alcalde liberal que ganó la Alcaldía les entró la locura y empezaron a agredirse entre ellos mismos y a destruir su propia casa, o policías y simpatizantes orteguistas se comportaron como turbas paramilitares, al margen de toda ley, para sofocar el reclamo de los que se consideran despojados. Veamos qué dirá la investigación. Seguimos esperando.
Delicatessen
Recientemente escuché al diputado Wálmaro Gutiérrez justificar los nuevos impuestos a productos que antes estaban exonerados por ser parte de la canasta básica, aduciendo, que “el que quiere delicatessen que pague más por ellos”. Oyéndolo así, y con la sorna que lo dijo, uno hasta puede estar de acuerdo y pensar que se trata de caviar de Beluga, jamón de Jabugo, agua Perrier, dátiles africanos o bombones franceses Claro, ¡que paguen! Pero, cuando se revisa la lista de los nuevos impuestos uno se encuentra al simple arroz de grano entero o empacado, la pechuga de pollo o algunos aceites vegetales que tanto han recomendado los nutricionistas para evitar tantas enfermedades y muertes. Más que castigar a los que pueden pagar más, se castiga a los que tienen que dejar de consumirlos porque no podrán pagar por ellos.
Clase media
La salud de una nación se conoce por el tamaño de su clase media. Una sociedad con una clase media mayoritaria representa por sí sola una mejor distribución de las riquezas que una donde hay pocos ricos que tienen mucho y muchos pobres que casi no tienen nada. Entonces, ¿por qué no se ve tanto interés de los gobiernos de promover el crecimiento de la clase media y por el contrario, se toman con frecuencia medidas, como la reciente reforma tributaria, para castigarla como si fuese pecado serlo? Y no se trata de privilegiar a una clase como quiso ponerlo el diputado Gutiérrez, sino de crear las condiciones para que cada vez más pobres dejen de ser pobres y sean clase media y no seguir ensanchando esa brecha que los condena a estar comiendo arroz payana y muriendo temprano por consumir el aceite de la peor calidad que atasca sus arterias.
Inconveniente
La clase media es generalmente la más activa en el reclamo de sus derechos, y si se revisan la mayoría de revoluciones, en el mundo incluyendo al de Nicaragua, la locomotora de esos cambios fueron grupos surgidos de la clase media. Las clases más empobrecidas suelen estar tan preocupadas por resolver su difícil día a día que sienten menos importantes valores y derechos como democracia, libertad de expresión, etc. “Yo no me meto en la política, porque la política no me da de comer”, se les oye decir cuando les entrevistan sobre esos temas. Y los ricos, pues, los ricos resuelven sus problemas con negociaciones directas con el poder, pues al fin y al cabo, los que están en el poder son casi siempre parte de ellos. Una clase media fuerte es inconveniente para gobernar a capricho y hacer negocios con ello.
Colombia
Resulta muy difícil creer que el fallo de La Haya agarró de sorpresa a Colombia. Que nunca entró en sus cálculos que el tribunal internacional estableciera una frontera distinta a la que ellos impusieron con sus fragatas en el meridiano 82. Tendríamos que creer que los colombianos o son muy tontos o el equipo que tenían en La Haya los engañó deliberadamente. Ni son tontos ni estuvieron engañados. Desde que en diciembre del 2007 la Corte dijo que el meridiano 82 no era frontera ya se sabía que se establecería una distinta a la que los colombianos han querido imponer. Lo sabían pero toca hacer el teatro porque el tema da la oportunidad de poner zancadillas, pasar la factura y eliminar competidores en la arena política, tal como le podría pasar al presidente Juan Manuel Santos, que ve escapar su reelección en este fallo que a mala hora le tocó digerir.
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