Luis Eduardo Martínez
En Matagalpa el sistema de Salud no es alentador. Su estado ha presentado leves mejorías, pero los pobladores resienten la despreocupación que ha mostrado el Ministerio de Salud (Minsa) por resolver el déficit de ambulancias que aqueja al departamento.
Guillermo González habita en la comarca Kuskawás, a 15 kilómetros al noreste del poblado de Rancho Grande. Estaba grave, tanto que no podía ponerse en pie. El centro de salud de su circunscripción solicitó una ambulancia al hospital departamental, pero la respuesta fue: no tenemos.
La justificación que dio el personal de salud es que había dos adolescentes con embarazos de alto riesgo y “que no podían mover la ambulancia porque de un momento a otro la iban a necesitar. Desgraciadamente solo ese vehículo hay”.
Mientras que contiguo al Policlínico Trinidad Guevara, con financiamiento externo, está en ejecución la construcción de un Hospital Materno Infantil. Mientras tanto en el Hospital César Amador Molina, están ampliando las áreas de emergencia y neonatos.
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El problema con las ambulancias también se repite en Matiguás, según Maura Tórrez Hernández, habitante de ese municipio.
Ella también refiere que en su municipio únicamente les ofrecen la consulta y no les entregan el medicamento.
“Yo siento que estamos siendo bien agredidos, porque si vamos (a pasar consulta) lo que nos dan es acetaminofén y después nos dan las recetas y nos dicen: vaya compre. Cuando quieren, van a traer a un enfermo en la ambulancia y cuando no quieren la gente lo tiene que llevar en hamaca y son hasta tres horas de camino”, lamentó Tórrez.
Pero en el municipio de Esquipulas las cosas pintan distintas. Eso dice Martina Mendoza Alaniz, quien aseguró que la Alcaldía ha dado respuesta a las necesidades de sus habitantes. “Cuando la ambulancia está en el taller, van a la Alcaldía y de ahí mandan a traer al enfermo”.
MALA ATENCIÓN Y POLITIZACIÓN
Si bien hay ciertas mejoras en el sistema de Salud público de Matagalpa aún persiste malos síntomas en asuntos relacionados con el poco personal, la falta de medicamentos y, peor aún, la politización de los servicios.
A esto se suma la mala atención que reciben los pacientes de parte del personal. “Hay unas enfermeras bien groseras”, se quejó Maura Tórrez Hernández, quien estuvo internada en el hospital primario San José, del municipio de Matiguás.
“Si lo internan a uno lo ponen encima de otro paciente. Le digo porque a mí me pasó”, denunció.
Situaciones similares pasan en el municipio de Río Blanco. Ahí están remodelando el centro de salud familiar Denis Gutiérrez, pero hay dificultades con las embarazadas porque la unidad no presta las condiciones adecuadas para los partos, explica Josefa Cruz, una promotora de Derechos Humanos en ese municipio.
Tras las deficientes condiciones del centro de salud, los enfermos de gravedad son trasladados a los hospitales de Matagalpa y Boaco.
Una percepción distinta tiene Martina Mendoza Alaniz, una brigadista de salud residente en la comunidad El Barro, de Esquipulas. Ella considera que en ese municipio “hay buena atención todo lo que es emergencia es bien atendido hay suficientes camas y hay bastantes medicamentos”.
De acuerdo con Mendoza, en el centro de salud familiar Margarita Solano, de Esquipulas, permanecen “como cuatro médicos y como ocho enfermeras” y en fines de semana siempre hay personal de turno.
Sin embargo, la brigadista lamentó que “por amiguismo”, el personal de Salud prioriza a la gente de la ciudad que llega a pasar consulta “y dejan de último a la gente del campo”.

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