Mariano Marín
Días después hablaron en la Calle Patterson con un barbero, teósofo y francmasón, de origen granadino, don Francisco Pérez Montano, y fue entonces que se decidieron Gautier ir a las islas del Caribe, a conocer las mujeres y el ron de la Perla del Caribe. Borinquén. Y él a Granada.
José le enseñó un día el pergamino que le dejara Isaac, y con gran asombro y detenimiento se quedó enfrascado leyendo aquel papel por varias horas. Mucho tiempo después, Gilberto le preguntó a José si podía confiar en su amo. Este le dijo que aunque fuera un poco tacaño, como buen judío, le gustaba invertir en cosas nuevas e ingeniosas. Entonces le pidió que le organizara una cita para hablar del contenido de aquel documento. José le pidió a su amo la reunión y luego de explicarle algo de lo que pasaba le dijo que esa noche llegaba su suegro don Luis D’Hassbani, y que le gustaría que estuviera presente. Con mucha alegría, José corrió donde Gilberto y quedaron para esa noche a las 7:00 de verse en el segundo patio para que nadie los molestara. Gilberto empezó la charla con mucha parsimonia y seguridad. D’Lopéz era casado con una hija de Hassbani, muy linda y que había ganado el galardón de Miss Nicaragua, uno de los primeros certámenes donde participaban bellas jovencitas y la ganadora iría a participar a Londres para el título de belleza a nivel mundial.
Gilberto Gámez contó que por muchos años los xipangüenses como la familia Matsushita y los shibumis del norte de Xipango los Mazda, descendientes de SuKe Kurano Suke. (De quien Isaac, también, le había dejado un buril de fina joyería que a su vez José se lo regaló a Sobalvarro, un mecánico dental amigo íntimo de él). Poseedores de una máquina infernal que podía estar en movimiento por mucho tiempo sin gastar combustible o casi nada. Un motor rotativo de tres módulos llamado por su creador Ito No Mazda: el RX3. Eran unos de los tantos buscadores de este documento que contenía la fórmula para un poderoso acumulador de energía.
El negocio del siglo estaba en sus manos. Con mucha discreción y sin alarde, Gilberto Gámez les contó que ese documento tenía la fórmula creadora de la energía del “Arca de la Alianza”. Ahora perdida por más de dos mil años.
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