Yelba Clarissa Berrios Molieri
Estratega de los moveres de mis sentires, me camuflajeo de advertencias cuando no deseo escucharme. En derredor, se iluminan tímpanos con las lámparas vitales de la música capaz de conmover al más inánime de los horizontes.
Sé como configurar verdes aguas, derramando sabor a belleza. No acepto derrotas en los semblantes. Soy pintora de horizontes sonreídos en vez de boca y por la noche el verso balbuceante y algunas veces, el aroma a letra enamorada en el semblante. Otras, a derrota disimulada sin cuadraturas matemáticas. En orfandad rítmica tienden a escurrirse por las ranuras de la noche los fantasmas.
Oh Händel preludiador de albures, en Dixit Dominus paren pacíficos los colores el alba.
Es como ver en retrospectiva nuestros nacimientos mismos, escuchar los ecos que nos canturreaban en la panza, esa tocadera de ombligo llamado a ser cortado y que me acercaba cada vez más al parto.
Del cordel fundamental manan en cada amanecer las remembranzas, fibras de luminosidad tejiendo mallas para recibir mi llanto y mis desnudas nalgas. Seguimos colgando de adultos en nidos para protegernos de todo el ruido del mundo; verdes por la noche, bordados de mieles al mediodía y engusanados en el silencio de la noche. No se caerán mis dedos mientras laboren mañas inclaudicables.
Mi canto universal será el colgadero de mis alas, danzaré sin liras y haré gárgaras de notas en mi garganta.Amanece.Cuelgo mis pestañas.
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