Máscara repintada y ajena

Resbalar distancias y rompernos los sueños inflamados de ausencia es el sempiterno quehacer de la que nos rasga y deshila los músculos por dentro. Cae el peso del mundo en la mollera. No hay un solo sollozo, hay gargantas preñadas de silencios hechizos por mis poderosos dedos.Se encierran en sí mismos los erizos insolentes del aire, lanugos doliosos sin cabezas, ante el dolor que nos retiene en pozos de cal hirviendo en parajes asfaltados.Mis sentidos de madera atermitada reconocen las agonías más vívidas. Nos lame el atrevimiento que se lleva a los amados, la rutinaria hoz que está adormilada en los sobacos de los hombres. Yo pirámide erguida y clonada de milenios de puños cerrados, soporto el nauseabundo trago del recuerdo de las risas de los idos peldañeando nuestros tímpanos. Ese maldito rictus que aglomera todos los fontanales de nuestros suspiros y mocos, al que nunca podremos prohibirle ajar nuestras estancias: hoz de máscaras tan solo repintadas, vez tras vez, y a nuestro respirar tan ajena.

Yelba Clarissa Berrios Molieri


Resbalar distancias y rompernos los sueños inflamados de

ausencia es el sempiterno quehacer de la que nos rasga y deshila

los músculos por dentro. Cae el peso del mundo en la mollera. No

hay un solo sollozo, hay gargantas preñadas de silencios hechizos

por mis poderosos dedos.Se encierran en sí mismos los erizos insolentes del aire, lanugos

doliosos sin cabezas, ante el dolor que nos retiene en pozos de cal

hirviendo en parajes asfaltados.

Mis sentidos de madera atermitada reconocen las agonías más

vívidas. Nos lame el atrevimiento que se lleva a los amados, la

rutinaria hoz que está adormilada en los sobacos de los hombres.

Yo pirámide erguida y clonada de milenios de puños cerrados,

soporto el nauseabundo trago del recuerdo de las risas de los idos

peldañeando nuestros tímpanos.

Ese maldito rictus que aglomera todos los fontanales de nuestros

suspiros y mocos, al que nunca podremos prohibirle ajar nuestras

estancias: hoz de máscaras tan solo repintadas, vez tras vez, y a

nuestro respirar tan ajena.

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