Gustavo Soto García
Me equivoqué, debí estudiar Zoología, una ciencia bondadosa de la cual nadie —exceptuando Herbert Spencer— ha comparado con la sociedad humana, por lo impredecible y sobredimensionada. Así, mientras las sociedades animales siguen el mismo patrón conductual, coexistiendo y respetando sus hábitat, la sociedad humana como la nuestra —la que además de conflictiva se ha tornado despreciable, indolente, inmoral, mezquina, y depredadora de sí misma, donde los últimos saldos de principios, valores y virtudes han sido sustituidos, por una pandemia peor que el sida: la mitomanía compulsiva/histriónica/hedonista exagerada, es como si cada nicaragüense —en la mayoría— usara una colección de máscaras o pasamontañas de distintos colores para cada ocasión, sin importarnos la lesión, el dolor, o el daño a otros, el asunto es: “si así me siento bien, no me importa quien”.
Conversando con un amigo abogado-chontaleño, héroe y luchador contra el cáncer, comentábamos esta práctica diaria: mienten algunos políticos, anunciando lo que no harán, usando las conciencias de sus seguidores con confites “made in infierno”, falsean la verdad ciertos dirigentes gremiales, negociando subterráneamente con los gobiernos de turno a espaldas de sus afiliados, “empresarios” creando espectáculos, autootorgándose distinciones, presumiendo y vendiendo ser hombres de éxito, “prósperos y honestos”, profesionales disfrazados de “santidad”, testimoniando su apostolado desde su “destete”, para luego saliendo de sus logias religiosas, convertirse en usureros y expropiadores de viviendas humildes, religiosos cínicos, exaltando la humildad y sencillez, vistiendo como estrellas de Hollywood, conduciendo lujosas camionetas, mientras diezman a gente inocente, comerciantes testaferros “honestos” ayer miserables, hoy simulan ser inversionistas-ostentosos pero con vidas oscuras, estos y otros con un doblez, un antifaz, que lo llamo: mitomanía social ampliada.
Antón Delbrueck afirmaba: mentir con frecuencia patológica es síntoma de enfermedades mentales, con trastornos de personalidad, utilizándolas como adicción en beneficio personal. Diseñan mentiras fantasiosas “racionales” impulsivas, para propiciarse un rédito a costa de otros, sintiendo la necesidad de mentir. El sujeto termina creyendo lo que ha inventado de sí mismo, lo grave es la sujeción al histrionismo, expresando sus emociones de manera exagerada, vanidosas y egocéntricas, sintiéndose cómodos persuadiendo y seduciendo a sus víctimas hacia su auditorio, preocupados por su falta de credenciales limpias. Luego son hedonistas buscando placer personal, obviando los intereses circundantes, con una saña oculta como los asesinos en serie, seleccionando personas que aprueben lo que hacen, y recurriendo a la exclusión para aquellos que los cuestionan.
Estudiosos opinan: la mitomanía se acompaña del narcisismo y la cleptomanía, sociópatas que roban engañando, profesionales delincuenciales. ¿Eso somos muchos nicaragüenses? ¿Será el sistema, el poder, la corrupción o la escasez de oportunidades lo que está sobreponiendo la mentira, la dualidad y bipolaridad consciente de nuestras conductas, ante los principios y valores como la palabra, el honor, la dignidad, y las escasas virtudes que poseíamos? ¿O se viene desarrollando un fuerte vacío o desprecio a Dios y su octavo mandamiento por el descreimiento espiritual de la Iglesia? Si Jesús nos juzgara hoy, repetiría aquella frase: “¡ay de ustedes fariseos, hipócritas… sepulcros blanqueados, bonitos por fuera pero llenos de muerte e impurezas, raza de víboras…! Mt.23:27-32. Cuídense de la levadura de los fariseos, porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse… todo lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad, se dirá a plena luz”. Lc.12:2-3.
El autor es sociólogo