En las elecciones municipales, actuando como fiscal de la Alianza Partido Liberal Independiente (PLI) de Masaya y coordinando el equipo de fiscales específicos del centro de cómputo departamental estuvimos frente a los fiscales oficialistas, quienes anticipadamente celebraban su “victoria” contundente y se jactaban de que el pueblo votó por el FSLN para consolidar la revolución y el socialismo del siglo XXI. La mayoría estaba ahí cuidando sus beneficios y trabajos en el Estado y creo que ni saben a lo que se refieren cuando dicen ser “cristianos, socialistas y solidarios”.
Cuando usamos las pausas para interactuar con los orteguistas, compartimos ideas al respecto. Los fiscales del PLI Masaya no abandonamos nuestra posición hasta que fiscalizamos hasta el último municipio, a las 7:00 a.m. del 5 de noviembre. Les prometí publicar y extender sobre el tema, en este Diario de los nicaragüenses, LA PRENSA.
El cristianismo y el socialismo son incompatibles. El cristianismo proclama libertad y el ejercicio natural del “libre albedrío” como un regalo supremo del Dios de la vida. Por el contrario, el socialismo es autoritario y verticalista; prevalecen los intereses del Estado y la camarilla gobernante sobre los del individuo. El socialismo ha sido ateo y anticristiano. La persecución a la fe durante el socialismo fue implacable y despectivamente se referían a la religión como “el opio de los pueblos”.
El cristianismo promueve el amor, la paz y justicia, la caridad y el amor al prójimo. El socialismo ha promovido la lucha y el odio de clases; pobres contra ricos. El gran exponente socialista, Ernesto Ché Guevara, publicó que “el odio como fría máquina para matar será el motor que impulse la transformación social de la humanidad”.
Por su lado, la Internacional socialista proclama en sus doctrinas que “la alianza obrero-campesina será la vanguardia en la extinción del capitalismo, de los medios de producción del dominio burgués y la instauración de la dictadura del proletariado”.
Los socialistas se declaran defensores de los pobres; sin embargo, en los países donde han arraigado han provocado más pobreza y miseria que la que pretendían erradicar. La Biblia nos dice: “A los pobres siempre los tendréis entre vosotros”, pero ser pobre en Suiza o Estados Unidos no es igual a serlo en África o América Latina. Por sus frutos les conoceréis.
El fruto de más de medio siglo de socialismo en Cuba es hambre, destrucción y muerte. La extinguida Unión Soviética pasó al cementerio del fracaso como una de las páginas más negras en la historia humana con más de cincuenta millones de muertos por hambre y represión. El comunismo es el estatismo duro, socialismo es estatismo más o menos democrático, pero igual de pernicioso.
En Nicaragua, el socialismo inventó el “Evangelio de Solentiname”, anatema dice la escritura, (Gálatas 1:6-10) fue un medio de agitación en la lucha contra Somoza. Luchaban contra las injusticias heredadas del sistema español cuasi-esclavista y el resultado fue la tiranía sandinista con más miseria y hambre nunca antes vista. Nunca más recuperamos los niveles económicos de la década de los sesenta y setenta. El autor es abogado. Laico bautista.
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