Las estadísticas no mienten. Al menos así es en la mayoría de los casos. Reflejan hechos, que luego, sin embargo, cada quien colorea a su antojo.
Pero hay cifras que deben decirnos algo: 48 panameños han jugado en Grandes Ligas. Y Colombia tiene 75 en las Menores actualmente.
Eso es muy diferente al hecho de que Nicaragua ha contado con 12 bigleaguers en su historia y cuentan con 29 en las Ligas Menores.
Ahora, el entusiasmo que todos tenemos por el beisbol, nos impulsa a creer que los jugadores serán capaces de ir encima de esos hechos.
Pero la realidad, nos ha golpeado de nuevo, con la rápida eliminación del equipo de Nicaragua en el torneo clasificatorio en Panamá.
¿Y me pregunto, en base a qué esperábamos algo distinto a lo sucedido? ¿Acaso no estábamos en desventaja desde antes del inicio?
Espero explicarme, porque no hablo de excusas. Hablo, de que no podemos esperar algo distinto, si seguimos haciendo lo mismo.
¿Y Brasil? Llegó a Panamá con 14 jugadores de las Ligas Menores, uno con experiencia en las Mayores y varios que han jugado en Japón.
Barry Larkin tiene tres años de estar en contacto con ese beisbol y algunos clubes han establecido academias. Están trabajando.
El punto es, ¿qué hacer? Hay dos opciones, echarle la culpa a alguien, o hacer las cosas diferentes para lograr resultados distintos.
No estoy entre los frustrados con la eliminación, sino entre quienes ven en este tropezón, un chance para levantar la mirada y el pie.
Hay que explorar nuevas opciones y seguir trabajando con los niños. No hay de otra. Pero se puede mejorar aún con las limitaciones.
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