Ledia Gutiérrez
Psicóloga Clínica
En todas las áreas de nuestra vida tenemos el deber de asumir responsabilidad, desde que iniciamos la vida consciente se nos en seña a realizar tareas que vamos incorporándolas como hábitos o buenas costumbres, y es así que iniciamos el mundo maravilloso de la responsabilidad.
Señalaba que es un todo lo que nos corresponde hacer, debemos asumir que son deberes y compromisos en el estudio, trabajo, relaciones sociales, familiares, económicas, salud; ¡qué amplio el mundo de quehaceres!
Hay una discusión entre castigo o premio si se cumple o no con lo correspondiente.
En relación con los padres de familia resulta interesante el formato de enseñanza o educación, premio-castigo, “si traes buenas calificaciones habrás obtenido lo que deseabas, si no lo cumples tendrás castigo”, en qué momento se le inducirá a que su responsabilidad es cumplir. No es a cambio de nada que yo deba enamorarme del fiel cumplimiento de mis responsabilidades, lo que se interpreta es que debo hacer las tareas solamente porque tendré una recompensa.
Ofrecer premios a los hijos es como reconocer un fracaso, es como si, al fallar como educadores, tuviéramos que recurrir al “sucedáneo” de los premios que, más que educar, adiestran, sugieren algunos estudios realizados, asimismo aseguran que los premios y castigos son recomendables y adecuados si se usan como medios temporales de obtención de logros.
Yo aconsejo que a los hijos y nosotros inclusive debamos cumplir con el sentido invaluable del deber, no por lo que obtendré.
Vivamos el mundo maravilloso de la responsabilidad, así podremos formar una sociedad, una familia, unos hijos de bien, y no usar el chantaje, sino inculcar el amor por los “valores”.
Será hasta la próxima semana. ¡Saludos!
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