Salvador Espinoza
Pinocho es una puesta en escena con estilo ecléctico, tomando técnicas y recursos de la comedia del arte italiano, el arte circense, el tono farsa y el teatro “pobre” de Grotowsky.
Precisamente Tito Aguirre, Kenia Martínez, Tina Noguera, Karla Acevedo, Marlon Martínez, Juan Antonio Blandón, Fabio Mayorga, Eduardo Espinosa y Ariel Aguirre provienen de diversas escuelas y experiencias de actuación.
Son actores y actrices experimentados, artistas circenses miembros del Club del Clown, titiriteros y alumnos destacados de la Escuela Nacional de Teatro.
LA PUESTA EN ESCENA
La fuerza de la puesta en escena de Mónica Ocampo recae en los actores, quienes juegan con el uso de objetos animados por ellos.
Los baúles son mesas para el taller de carpintería de Geppeto, módulos para las vivanderas del mercado, la cama donde duerme Pinocho, la casa del perro del granjero, el teatrino del titiritero, el carruaje del cochero y el barco de Geppeto.
Asimismo, los actores doblan personajes. Cereza, Ada, Caracol, Gato, Cochero, Grillo, Geppeto y Comefuego, son a la vez, vecinos, Zorro, Juguetera, Perfettino, Mecha, títeres y niños-burros. Solamente Pinocho es de principio a fin el mismo personaje.
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En este sentido, Mónica Ocampo hace emerger el estilo de Grotowsky, quien involucra la técnica avanzada del trabajo psicofísico del pionero Konstantín Stanislavski, cuando el maestro del teatro vanguardista decía que “debe abandonarse la idea de teatro total y que lo que hay que hacer, en vez de añadir elementos, es suprimirlos para que el hecho teatral alcance su pureza”. Dice que “el teatro puede existir sin luz, sin música, sin vestuario, sin decorados, sin texto, pero no sin actor”.
Establece así, los principios del teatro pobre, convirtiendo al actor en el eje del espectáculo. Por ello investiga profundamente, sobre la naturaleza de la actuación, instaurando un entrenamiento que “permita al actor construir su propio lenguaje, a partir de sus dos herramientas: el cuerpo y la voz”.
En este aspecto, es válido acotar el buen trabajo de voz y dicción de algunos actores. A otros, como a Geppeto y el Caracol, les faltó acelerar su aparato fonador para dar una voz más lúcida y vivaz.
ESCENOGRAFÍA
Sin embargo, esta puesta en escena no abandona totalmente ese teatro integrador, puesto que, la escenografía, diseñada por Donaldo Aguirre, es recreada en esos objetos y en las imágenes —no solo las reproducidas en la pantalla— sino también, imágenes símbolos con las telas en el tiburón ballena que se traga a Geppeto y a Pinocho o los juguetes enganchados de las varas de tramoya, en una armonía lúdica, complementaria a la acción de los actores.
Por otra parte, el vestuario es digno de una mención especial. Un equipo de jóvenes diseñadoras de la carrera de Modas de la Universidad del Valle, hizo posible que la concepción del espectáculo tuviese coherencia total. Un vestuario a partir de elementos que, sobre el unitar negro que la mayoría de los actores utiliza, impregna de magia el escenario.
Vestuario y maquillaje fueron determinantes en el sortilegio de lo real maravilloso de esta puesta en escena, sin pretensiones predeterminadas.
Una puesta en escena digna, diferente y audaz, en la que también la música y los músicos en vivo se conjugaron en una especie de encantamiento para todo el público que asistió a la tarde de estreno.
UN PINOCHO NICA
Fuimos testigos de un Pinocho con un verdadero sabor nicaragüense, sobre todo, por los diversos ejes temáticos que se desprenden del cuento original, que nos acercó a nuestra realidad social.
La secuencia narrativa nos muestra distintas situaciones que quebrantan los derechos de la niñez y redime valores como la amistad, la honestidad, la vida en familia y el sentido humanista, que son las manifestaciones implícitas en la trama, que llevan a Pinocho a mudarse a un ser humano.
La versión de Mónica Ocampo, sobre el original de Collodi, inundó la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío, de una nueva perspectiva para el teatro nicaragüense.
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