Irene López
El “travestimento” de los bailes tradicionales europeos fue trasladado a América por los moros, quienes eran vendidos en los mercados católicos para llevarlos a trabajar a las colonias. Imperaba la creciente demanda de mano de obra, llamados moriscos.
Así fueron quedando sus danzas, integradas culturalmente a las colonias, representándose en diferentes formas en los diferentes lugares por donde iban pasando. La morisca pertenece al grupo de danza de moros y cristianos.
De origen italiano fue un género de danza del siglo XVI que abarcó numerosos estilos. Se cree posible antecesora de las mascaradas y sus principales variantes son: en Italia e Inglaterra, se acostumbraban los dramas cortos y groseros protagonizados por negros o bailarines maquillados de negros (moro) con cascabeles en los tobillos y un muchacho “vestido de mujer”.
En España, no se consideraba elegante bailar la morisca en público si no se iba “vestido de mujer”.
EN MASAYA
Este personaje universal, el hombre-mujer de los bailes tradicionales europeos, símbolos de la dualidad creadora de la naturaleza, ocupa un papel principal en el baile de “negras” de Masaya. Salen los domingos de octubre y de noviembre con ocasión de las festividades de San Jerónimo de Masaya.
Fue la morisca una danza muy popular y su exportación a las colonias fue usada por los españoles como una prolongación de las cruzadas y como un recurso más de evangelización.
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Se inicia con la selección de los candidatos para representar el nuevo baile de negras y así se cumple con la tradición. Los grupos salen con trajes representativos diferentes cada año y no se permite repetir trajes o personajes, aunque haya sido años atrás.
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Acompañados de la marimba indígena, bailaban los mismos sones típicos de las inditas. Usan trajes típicos de diferentes países del mundo o disfraces elegantes, fantasiosos y caros. Llevan máscaras de cedazo semejando el rostro del traje, país o personajes al que representan.
Por las características de su representación, así como del uso de las máscaras, la comunicación es un tanto limitada. Sin embargo, existe entre ellos una excelente coordinación en el afán de lucir sus trajes, adornar los pasos, expresando un estilo y elegancia no vista en otras danzas.
El baile del varón es fuerte y agitado; se mueve alrededor de la mujer, a veces taconea sosteniendo el paso y sin moverse del lugar hace evoluciones con su cuerpo y expresa todo un lenguaje gestual en el que intervienen brazos, manos, dedos y cabezas.
En el baile de “negras” es él-ella quien inicia la danza y con mucho orgullo demuestra su destreza en el manejo elegante del abanico y la falda, saca al varón quien la sigue, destacándose con su taconeo sosteniendo el paso y sin moverse del lugar hace evoluciones con su cuerpo manteniendo así una de las manifestaciones culturales que vienen desde el pasado colonial hasta el presente.
En Masaya el baile de negras tiene una organización muy singular para su salida, que no se parece a la de ningún otro baile tradicional. Existen varios grupos y cada uno está integrado por cuatro parejas o más.
Cada domingo, durante dos meses, se turnan para salir a las calles y para visitar las casas de amigos y familiares donde son esperados con comidas y bebidas.
Se preparan con unos tres meses de anticipación en ensayos semanales. Los grupos de bailes de negras se identifican por el nombre de su dueño (organizador o director). Por ejemplo: baile de negras “Alonso Montalbán”, “René Chavarría”, “Paco Bonilla”, y otros.
DOMINGOS EN CASA
El domingo que les corresponde se reúnen muy temprano en casa de algún amigo (generalmente es el padrino del baile) y allí, acompañados de sus familiares y de las amistades más allegadas se les brinda ayuda para vestirse de parte de esposas, madres, tías o primas.
Una vez vestidos, bailan las primeras cuatro piezas o más dentro de la casa y luego emprenden, con familiares y amigos, el camino hacia la iglesia de San Jerónimo. En el camino se les une el pueblo que disfruta de esta costumbre como si fuera la primera y única vez.
Por siempre está presente el elemento sorpresa: ese es el momento en que el grupo enseña el lujo de sus trajes y en el que se sabe a qué país o personajes van representando.
Cantidad de público los sigue con admiración y llegan a la iglesia. Allí adentro cada uno baila una pieza y se la ofrece a San Jerónimo.
Luego en el atrio repiten las danzas e inician su recorrido casa por casa, según una lista elaborada previamente de común acuerdo con sus amistades, quienes reciben a los bailantes, familiares y amigos con gran cantidad de comidas y bebidas. El recorrido termina avanzada la noche.
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