No es difícil concluir sobre la enfermedad que padecen nuestros “demócratas”, pero sí tratar de encontrar las palabras adecuadas y plasmarlas sobre un lienzo de papel para que lean el diagnóstico y entiendan lo que por conveniencias no quieren.
Daniel Ortega no es el dictador que todos dicen. El verdadero dictador que lastima la inteligencia popular está en el corazón duro de cada uno de esos que se autoproclaman líderes o conductores de la libertad y que están dispersos en eso que llaman partidos políticos o sociedad civil.
El tiempo de los lloriqueos después de la barrida que propinó el FSLN, sin incurrir en el fraude que tanto se cacareó, ya pasó sin que hasta ahora observemos algún intento serio para que los orgullos, que tantas distancias causan, cedan paso a la razón.
La lección debieron aprenderla desde el 2006 para que el pueblo no castigara con su abstención la mediocridad e incapacidad de todos estos mercaderes de la política que a nombre de la “responsabilidad” concurrieron a estas últimas elecciones municipales solo para dar lástima.
No fuimos pocos los que marcamos el camino del decoro diciendo que lo más decente era no concurrir a la “farsa”, pero pudo más el decir que los abstencionistas no teníamos nada que perder y ellos sí: las “personerías” sobre las cuales seguimos preguntando ¿y para qué han servido?
Las pasadas elecciones municipales demostraron que el abstencionismo es la mayoría en Nicaragua y en consecuencia en él está la verdadera oposición y el líder que debe conducir a la alternativa que no sea el oficialismo actual.
Atrás han quedado en calidad de damnificados de su propia extinción el Partido Liberal Independiente (PLI) y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), cuya principal valoración después de sacudirse a Eduardo Montealegre y a Arnoldo Alemán debe ser quitarse los apellidos, que son la causa de una división con la que muy astutamente el FSLN ha sabido jugar.
Las elecciones municipales demostraron que el modelo electoral colapsó y junto con él los llamados partidos de oposición y sus respectivos cabecillas. Estos últimos fueron únicamente líderes de sus propios intereses y de sus respectivas argollas convirtiéndose todos en cómplices de las inmoralidades que decían combatir.
Desde antes del 2006 nuestra llamada “oposición” fue incapaz de ofrecer propuestas. Su discurso fue la descalificación entre sus propios bandos mientras el FSLN, gracias a la división, retornó al poder y se consolidó tanto que no es difícil augurar que hay Daniel para rato.
En Nicaragua hay opositores pero sin oposición y aunque no sé cuánto tiempo llevará recomponernos sí estoy claro que esto no podrá ser si otra vez tomamos como referente al PLI y al PLC. Los momentos de las nuevas caras, los nuevos vehículos y las nuevas propuestas deben descubrirse ahora.
No tenemos tiempo para refritar los mismos errores. El poder actual está robustecido y no es su culpa sino la nuestra. Mientras nosotros dejamos de hacer lo que correspondía ellos nos tomaron la delantera y fueron más capaces, más tolerantes y hasta más demócratas, pues al volvernos dictadores contra nuestra propia especie perdimos la autoridad moral de invocar la libertad.
El autor es periodista.
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