Sonia Vanegas*
Para nuestros padres y para nosotros mismos, estudiar una carrera profesional implicaba abordar un vehículo de movilidad económica y social, pero ahora para las nuevas generaciones un título profesional no garantiza nada.
La velocidad con que se transforman los procesos productivos hoy en día está provocando que carreras profesionales antes muy demandadas ya no lo sean, y otras que hoy lo son, mañana dejen de serlo; de la misma forma que perfiles que hoy ni siquiera existen, en un futuro puedan estar en auge. Tal es el caso de profesiones como antropología intercultural, nanomedicina o experto en elaboración de partes del cuerpo humano, mediante conocimientos de ingeniería genética.
No hay razón alguna por la que el mercado laboral de profesionistas funcione de manera distinta a los de bienes y servicios: ambos se rigen por las leyes de oferta y demanda. Y como todos los mercados el laboral no es estático y tiende a saturarse a velocidades aceleradas.
En algunos países de nuestra región carreras como contaduría, ciencias administrativas, derecho o ingeniería en computación, cuentan hoy con un amplio número de estudiantes, pero en pocos años la tendencia indica que seguramente ese lugar lo ocuparán carreras como mecatrónica, telemática, medicina genómica, biología molecular, ciencias ambientales o cibernética.
Desafortunadamente, muchos de los centros formadores de profesionales en nuestra región muestran escasa flexibilidad para responder a las necesidades presentes y futuras de los mercados laborales, y persisten en ofertar fórmulas curriculares del siglo pasado y desvinculadas del sector productivo.
Cursar una carrera profesional seguirá siendo rentable para nuestros jóvenes, siempre que la misma encuentre demanda en el mercado laboral o haya visos de que lo será en tiempos venideros.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en el futuro cercano los empleos profesionales serán destinados en su gran mayoría a personas con capacidades técnicas, habilidades directivas y espíritu emprendedor.
Si nuestros jóvenes quieren seguir apostando a una carrera profesional como instrumento de movilidad, deberán escuchar consejos tanto de su orientador vocacional como de su orientador ocupacional, y sin importar la carrera que estudien, desarrollar habilidades lingüísticas, tecnológicas y directivas que mejoren su capacidad de obtener un empleo.
(*)Responsable de Unidad de Negocios Manpower Nicaragua.
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