Ing. Hjalmar Ruiz Tückler
El acceso de nuevos operadores a los mercados de telecomunicaciones en ocasiones constituye una experiencia agotadora en tanto hoy día existen barreras de entrada a los mismos. Desde luego la sofisticación de los mercados determina la existencia de muchos tipos de barreras de acceso, estando entre las más comunes:
—Las restricciones estatales, por ejemplo, títulos habilitantes en exclusividad o prácticas restrictivas en el otorgamiento de los mismos.
—Economías de escala es decir, la reducción de los costos medios a medida que aumente el volumen de producción. Un proveedor establecido de gran dimensión puede producir a un costo medio mucho menor que las empresas de reciente ingreso al mercado.
—Los elevados costos fijos o de capital.
—Derechos de propiedad intelectual, tales como derechos de autor y protección mediante patentes, que pueden afectar la disponibilidad de insumos o productos claves para los competidores.
—Limitaciones de espectro radioeléctrico.
—Preferencias de la entidad que otorga los títulos habilitantes por ciertas tecnologías en contravención al principio de neutralidad tecnológica.
En la última década los operadores establecidos han recurrido a todo tipo de barreras, tanto las que derivan de su propia dinámica empresarial, así como las que derivan de la acción regulatoria.
Es muy común que los operadores utilicen su poder de mercado y sus economías de escala como un elemento perturbador del acceso a los mercados, ofreciendo precios artificialmente bajos para desincentivar las inversiones de los posibles competidores.
Otro aspecto que se constituye en barrera de acceso es la negativa a permitir la interconexión alegando dificultades técnicas y bloqueando así el acceso a instalaciones esenciales que en todo caso requieren una gran inversión en capital fijo para el operador entrante lo que predetermina tarifas poco competitivas.
Este aspecto ha cobrado especial importancia en tanto los operadores dominantes en ocasiones han logrado influir en la determinación de qué recursos de red de telecomunicaciones constituyen elementos esenciales, aún cuando en la totalidad de los TLC están debidamente identificados.
Si se limita excesivamente el número de recursos se atentaría contra la competencia, ya que los competidores no podrían obtener los componentes de red necesarios en las condiciones idóneas. Una definición demasiado amplia puede fomentar implantaciones poco rentables o hacer que los incentivos no sean lo suficientemente interesantes para que los competidores inviertan y desarrollen otras infraestructuras de red.
Las autoridades de la competencia y los reguladores sectoriales, en beneficio del interés público, deben reducir al mínimo las barreras de acceso al mercado, garantizando, la neutralidad tecnológica en el otorgamiento de títulos habilitantes, una transparente estructura de costos y regulación eficiente de la interconexión garantizando que las instalaciones esenciales estén disponibles para los competidores en condiciones razonables.
(*)Consultor [email protected]
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