La muerte regresa a tientas con su barcoescupe sus negros esclavos, sus piezas de mercaderíaregresa desde los sueños en forma de galeón o de canoaes en nosotros que vive con su llanto sumergido
A veces me pregunto a quien llaman mis padresdesde la senilidad con sus tantas voces;por qué se repiten mis abuelos en los mismos hábitosde hablar con la nadao de esparcir sus fotografíasen el garabato de la niebla?
Aún no se esconden las cosas presentes y los veojugar con los nietos, que permanecerán cantando para siemprecuando hay brea sobre estos puertoso gaviotas confusas que se posan en los mástiles y en las cuerdasa diatribar con los gallotes.
No hay más misterios nivelados que observar el mary su llanto sumergido,esos dioses gemebundosque bostezan despacio o que se llenan la boca con fabulacionesde foca o de ballena.
Es este miedo a respirar las sales que ya conozcoa visitar esos puertos donde se quedó mi cuerpo de tritóno de almirante,escribir los mismos poemasque circularon con las estrellas de la espuma, o recordaresa balada que va en la boca de los longorongosque gritan sus orgasmos repletos de fiebre;
vegetar en mi espejo que se vuelve un caracol henchidoo una furia oceánica que se repite como un triste maremoto.
Por eso atestiguo el recolectar con mi caña de pescar estas imágenes.Estas verdades que tiemblan y se agitan en el fondode todas las nadas como peces que resguardan la tranquilidad del aireo como burbujas secas que se quedan vacilandoen mis manos como medusas.
La muerte me llevará a todos los puertose irá doblando mis pantalones y mis restos de equipaje.
Seré más oscuro o luminoso cuando recorralas huestes y las epopeyas de otros mares, seré joven o viejoo quizás oblicuo como todo resplandor que nace.A veces creo que cada díala muerte nos prepara para entrar en su barco.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 B