Hoy Nicaragua asiste a elecciones con un Consejo Supremo Electoral (CSE) que ya perdió toda su credibilidad y con candidatos a concejales que están muertos o viven fuera del país. Para Gabriel Álvarez, abogado constitucionalista, tras años de elecciones viciadas y fraudulentas, nuestro país ya llegó al punto en que “se quiebra el cántaro”.
::: ¿A qué tipo de proceso estamos asistiendo hoy?
No es un proceso electoral en el sentido más clásico y democrático. No estamos asistiendo a un mecanismo jurídico institucionalizado en donde se rifa el poder y que como resultado lo retendrá aquel que haya sido favorecido por el pueblo. Eso no lo vamos a ver.
::: ¿Entonces qué vamos a ver?
Hay varias posibilidades. Una, es posible que veamos el final de un periodo político.
::: ¿Es posible eso?
Sí… Ortega ha demostrado ser muy hábil e interpretar muy bien la realidad política nicaragüense. Podría darse cuenta de que a lo que él se refiere como democracia directa en realidad no sea viable y que haya que dar un golpe de timón importante para hacer sostenibles sus enormes intereses y tratar de que su propio proceso político tenga los ajustes necesarios.
::: ¿Qué nos enseña este proceso?
Ortega se conoce más débil de lo que los demás lo reconocemos. Todo el mundo se da cuenta de que tiene que recurrir a estos procesos anómalos, a esta gigantesca trama electorera. Eso significa algo muy profundo: él sabe que no las tiene todas consigo. No puede ser que Ortega esté haciendo estas elecciones con cuatro partidos, de los cuales tres son de mentira. Con toda seriedad, como estadista, puede acercarse a los distintos actores y decir: Mejoramos esto o nos lleva el diablo.
::: ¿Hoy se va a quebrar el cántaro?
¡Sí! ¡Efectivamente! Eso es lo que va a ocurrir.
::: ¿Por qué Ortega debería tener miedo de perder las elecciones?
Por una genuina mentalidad autoritaria. Si no creés en la democracia, si creés que el sistema no es válido y por lo tanto no te conviene, vos tratás de diseñar y construir un sistema que podás controlar por completo. No importa que te sepás bastante popular o creás que la oposición es sumamente débil y que vos ganarías de todas maneras.
::: ¿Se trata de no darle chance a nadie más?
¡Claro! El presidente Ortega jamás ha dado una entrevista libre a la prensa nicaragüense. Eso solo cabe en una persona con profundas convicciones antidemocráticas. Pero no deja de incidir también que ellos saben que tienen problemas a lo interno. La experiencia electoral de 1990 y los problemas a lo interno del propio Frente Sandinista los hacen ser cautelosos para pensar de que independientemente de lo que digan las encuestas siempre puede haber un margen de error más grande de lo que ellos admiten.
::: ¿Con estas elecciones tocamos fondo?

Definitivamente. Este sistema electoral es un modelo colapsado, un circo de mala muerte que no se lo cree nadie. El hecho de que algunos de los candidatos son muertos puede sonar cómico. ¡Es una tragicomedia! Pero me parece una buena manera de cerrar una serie de cosas descabelladas que irrespetan la dignidad del nicaragüense. Este modelo electoral ya no da un paso más.
::: ¿Qué pasaría si se diera ese paso?
El mismo Ortega se arriesga a salidas no cívicas. Él tiene mucha experiencia personal en saber que cuando estos procesos electorales son tan surrealistas como el actual, muy pronto estará escuchándose una música diferente. No hay manera de que otras elecciones puedan hacerse en estas condiciones y que no produzcan más desorden, más caos, más contestación no cívica y pacífica.
::: ¿Cuál es la diferencia entre estas elecciones y las del 2008?
Si fueran exactamente las mismas condiciones, serían peores estas. Quiero decir que cada nuevo fraude significa mayor escarnio para la sociedad nicaragüense, aunque se repita de la misma manera. Los fraudes no son peores ni mejores, ¡son fraudes!
::: ¿Hemos retrocedido?
El hecho de no haber cambiado para mejorar el proceso electoral, para garantizar unas elecciones justas, transparentes y equitativas, ya significa un retroceso relativo, porque es aceptar como válido un proceso fraudulento. Cada nuevo proceso fraudulento es peor en su sentido ético y pragmático. Y son peores porque la oposición está más debilitada, con un liderazgo muy cuestionado, con poca capacidad de convocatoria y de persuasión en su discurso. Alegan que tienen experiencia en los partidos, pero en lo que tienen experiencia es en comerse fraudes. Y no pueden transmitir la percepción de que ahora vayan a defender el voto.
::: ¿Valen la pena estas elecciones?
Por supuesto que no.
::: ¿No hay nada positivo en ellas?
Lo poco que puede haber de positivo es que va a dejar absolutamente patentizado para todos los sectores nacionales que basta ya de mantener esta vía. Quienes participan en elecciones dicen que lo hacen porque debe privilegiarse la vía democrática. Yo pienso que, al contrario, mientras más participación haya y más fraudes electorales sucesivos, más se acerca el fantasma de la guerra.
::: ¿A qué se refiere con el fantasma de la guerra?
Cuando los mecanismos para llegar al poder, aparentemente electorales, son realmente fraudes, eso obviamente fortalece las vías que no son estos fraudes. Una es la movilización pacífica, que probablemente sea una estrategia a tomar en cuenta después de estas elecciones. La otra es la violencia, pero ya es una propuesta antisistémica e ilegal y por lo tanto armada.
::: Hay quienes dicen que ya están cerrando las vías hacia una solución pacífica.
Ya se cerraron las puertas para una solución electoral en el actual modelo electoral. No existe ese posibilidad. Y el último partido realmente importante, serio y demócrata que sigue creyendo en eso es el PLI. Esa posibilidad se agotó y después de estas elecciones ellos tendrán que replantear si sigue siendo válida. Si eso es así, solo quedan esas dos salidas.
::: ¿Qué podría pasar hoy?
Una enorme abstención de la gente, un desgaste muy importante del liderazgo político del partido de oposición. Probablemente esté terminando el rol de estas comparsas del Frente Sandinista, Apre, ALN, y tendrán que ser ya aliados formales del Frente Sandinista. También, al menos en apariencia y seguramente de manera inicial, un fortalecimiento del Frente Sandinista, de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
::: ¿Con el sistema electoral que tenemos ahora, valdría la pena ir a otras elecciones?
No, no tiene ningún sentido. Si ya estas elecciones son una enorme muestra de cinismo, hipocresía, una ingenuidad tremenda o malicia política. En Ortega es el único que hay coherencia política para participar, los demás tienen que ser muy cínicos o muy ingenuos. O cómplices. La tesis de quienes han sostenido que participar en estas elecciones es la mejor salida para la democracia, se va a caer. La que debe de resurgir es aquella que dice que antes de ir a otras elecciones hay que modificar y recomponer el modelo electoral.
::: Pero eso mismo se dijo después de las elecciones del 2011…
¡Claro! Pero aquí va a quedar más que demostrado que Ortega restablece las condiciones democráticas que existían cuando él llego al poder o sencillamente se va a tener que enfrentar a una resistencia pacífica o de movilización ciudadana o, esperemos que no, a unos señores más violentos, más ilegales, que crean que no queda más opción que esa.
::: ¿Qué se espera de gobiernos que se instalan de esta manera, en elecciones como las de hoy?
Seguro sumisión. Pérdida total de lo poco que queda, si es que acaso queda algo de la autonomía municipal. Va a haber sumisión completa a doña Rosario y a Daniel Ortega. En segundo lugar, va a ser al principio un poco desordenado y difícil gestionar, porque va a haber que reorganizarse con estos concejos numerosos.
::: ¿Porque ahora habrá el triple de concejales?
Sí, sí… Tendrán que organizarse de nuevo y aprender a gestionar los asuntos municipales con unos concejos con elefantiasis. Esto puede en algún momento ser propicio para la corrupción. La sumisión a las personas que dirigen este asunto, y no a las leyes, el desorden que va a haber y la pérdida total de la autonomía podrían propiciar mayores niveles de corrupción.
::: ¿Se afectaría la gestión municipal?
La pérdida de autonomía menoscaba la gestión de los asuntos municipales. Creo que va a haber problemas en la calidad de la prestación de los servicios en los municipios. Más los problemas de la nueva organización, a menos que los concejales estén totalmente pintados en la pared, que tampoco hay que descartarlo, y no sean más que agentes ejecutores, propagandistas y activistas de las políticas del Gobierno central.
::: ¿Cómo se va a reflejar la pérdida de autonomía?
Como se ha visto. Si un alcalde no hace lo que le pide Ortega o los emisarios de Ortega, bueno hay varias opciones: o lo convencen para que renuncie o lo llegan a sacar o los concejales lo destituyen o se le quita la ayuda. O simplemente se van a encargar de aplicar las orientaciones políticas y programas del Gobierno central y no aquellas que surjan del Concejo municipal. De esas formas se va a ver afectada.
::: ¿Quién será el gran ganador de estas elecciones?
Sin lugar a dudas el gran perdedor en Nicaragua. Una gran victoria pírrica sería de Ortega y Rosario Murillo.
::: ¿Por qué pírrica?
Porque se van a empezar a desmontar y desvelar las debilidades más importantes del propio modelo autoritario de Ortega y a la vez van a quedar totalmente en evidencia las debilidades de la oposición, lo que va a provocar que se fortalezca la oposición. Y porque no le va a dar mayor legitimidad, este proceso es totalmente ilegítimo, no le va a significar una ganancia política sustantiva.
::: ¿Hay que votar o no hoy?
Me siento más identificado con los que creen que las condiciones electorales son inadmisibles y que no se trata nada más que una agresión a la dignidad del nicaragüense. Creo que si juego este juego, me ganan.
::: ¿Votar o no votar haría la diferencia?
Yo no veo que haga una diferencia. No va a legitimar más ni va desligitimar más, ni va a cambiar los resultados electorales, ni va a ganar municipios el PLI ni va a perder municipios el Frente Sandinista y no lo va a reconocer más ni menos la comunidad internacional.
::: ¿Ha muerto la democracia?
Un sistema democrático es aquel en donde el poder se ejerce sometido a límites y a controles. Si un régimen gobierna sin estar sujeto a ningún límite, más que él mismo se da… yo no creo que haya democracia. El presidente Ortega no tiene ningún límite en el ejercicio de su poder. Ni institucionales, ni normativos, pasa por encima de las leyes cuando le da la gana.
::: Si no hay democracia, ¿qué hay?
Un sistema dictatorial es donde el poder se ejerce sin límites y sin controles. Nuestro sistema es casi el reflejo fiel de esa frase. Pero hay que reconocer que no es la dictadura pura y dura que hemos conocido tradicionalmente. Los tiempos cambian y las dictaduras van afinando sus mecanismos.
::: ¿Cómo llegamos a esto?
Es un proceso histórico, una tradición de caudillismo y poca educación, una clase media relativamente torpe y una clase alta muy acomodada al poder. Se acomodaron a Somoza y se acomodan hoy. Sin embargo, una explicación más corta es el pacto entre Ortega y Alemán. Es el origen del estado de cosas de Nicaragua.
::: Entonces, a su juicio ¿este es el inicio de una nueva etapa?
Tengo la plena seguridad de que Nicaragua no puede y no va a seguir con la misma dinámica política institucional que tenemos hasta hoy 4 de noviembre del 2012. No lo soporta ni el mismo Ortega. No lo soporta nadie.
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